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Plantas de poder en peligro de extinción

Plantas de poder en peligro de extinción

Se cree que muchas de las plantas que tienen propiedades psicoactivas poseen, además, la facultad de esconderse. Sin embargo, la desaparición de alguna de ellas -como el ñongue, los hongos, el peyote y el díctamo real- puede no deberse a esta facultad, sino que al reflejo de un problema ambiental. A continuación, expondremos algunos datos y reflexiones respecto de los diferentes factores que ponen en riesgo la sobrevivencia de estas plantas de poder.

Mercedes López, desde Venezuela

Antes de la revolución industrial, el ser humano había mantenido una relación armónica con la naturaleza, coexistiendo con otras especies durante siglos. Este equilibrio, sin embargo, se rompió a partir del momento en que empezamos a usar combustibles fósiles, tales como el petróleo y el carbón mineral. Esto supuso la emisión hacia la atmósfera de enormes cantidades de gases de efecto invernadero que al sumarse a los que se generan en el planeta como resultado de procesos naturales han producido como consecuencia el aumento de la temperatura a nivel global.

Se calcula que solo durante los últimos 250 años han desaparecido aproximadamente 600 especies de la faz de la tierra debido a causas derivadas de dicho aumento de temperatura (lo que implica un ritmo 500 veces más rápido que el natural), y un informe reciente de la ONU señala que en la actualidad al menos un millón se encuentran en peligro de extinción.

Aun cuando se lograra cumplir el principal objetivo del Acuerdo de Paris, esto es, que el aumento de la temperatura promedio global no supere los 2°C, esa alza ya sería suficiente como para que desaparezca al menos el 25 % de las especies de plantas en el mundo, sobre todo aquellas que necesitan de temperaturas bajas para su reproducción.

Todavía más grave. En el caso de que no detengamos el desenfrenado ritmo de emisiones de carbono que mantenemos en el presente, la temperatura promedio en el planeta podría aumentar incluso en 5°C, lo que entrañaría una catástrofe de proporciones ilimitadas.

Es importante subrayar el peligro que implica la desaparición de las plantas, debido al papel fundamental que cumplen dentro del ecosistema. ¡Sin plantas, no hay vida posible!, pues son ellas las encargadas de producir el oxígeno que respiramos.

De ahí la afirmación de que las plantas son los pulmones de nuestro planeta. Pero su aporte no se limita solo a eso, ya que también de ellas obtenemos nuestras medicinas y alimentos.

Los incendios forestales, como aquellos ocurridos recientemente en la Amazonía, son una de las principales causas de la masiva extinción de plantas que se está produciendo ahora mismo a nivel mundial.

Es muy difícil calcular exactamente la cantidad de especies de plantas que han desaparecido, porque muchas de ellas no han sido ni siquiera identificadas, pero una cosa es clara: no solo se encuentran bajo amenaza plantas comestibles -como leguminosas, frutales o cereales-, sino también plantas psicoactivas.

Estas plantas tienen un valor particular, ya que han estado presentes en la vida de nuestros pueblos desde tiempos inmemoriales, brindando a las personas la posibilidad de abrir su percepción y tener profundas experiencias de autoconocimiento.

La desaparición de las plantas de poder

Una de las especies más notables que corre el riesgo de desaparecer es el peyote, planta conocida por sus propiedades alucinógenas derivadas de unos de sus componentes principales: la mezcalina.

En las culturas mesoamericanas, el peyote es usado en el marco de diversos rituales en los cuales se le confiere un sinfín de beneficios, desde ayudar a la obtención de buenas cosechas hasta servir como medio para predecir el futuro, pasando por curar una serie de enfermedades.

Pero como dijimos, hoy, desgraciadamente, se encuentra en peligro de extinción. Las razones son varias:

  • La satanización que han hecho de ella gobiernos y grupos religiosos desde la época de la conquista, provocando como efecto una merma considerable en su consumo o que este se realice de forma clandestina.
  • La prohibición de su cultivo y los esfuerzos por exterminar los existentes.
  • La práctica por parte de muchas personas de arrancar la planta de raíz, sin considerar su ritmo normal de germinación y crecimiento.
  • La contaminación de los suelos y los cambios climáticos que ha producido la actividad económica del hombre, fenómenos ambos que afectan de manera importante su reproducción natural.

Parece ser que el calentamiento global ha impactado especialmente aquellas zonas donde se concentra mayor biodiversidad. Tal es el caso de los andes tropicales, vasta área del subcontinente sudamericano que ha sido catalogada en situación de alto riesgo.

El aumento de temperatura amenaza la reproducción de aquellas plantas más sensibles al calor. Un ejemplo es el estramonio, especie popularmente conocida como ñongue, aunque también como mata del demonio o hierba de las brujas. Sus altos contenidos de alcaloides -atropina, escopolamina e hiosciamina- la convierten en uno de los alucinógenos más poderosos que se conocen.  El consumo de apenas un par de semillas de esta planta puede provocar delirios y alucinaciones durante horas.

Al igual que otras especies que cuentan con propiedades psicotrópicas, el estramonio ha sido utilizado en contextos místicos en los cuales se le confieren propiedades mágicas. Al respecto, hay referencias de su uso en rituales de iniciación tanto en la antigua roma como durante la época medieval.

Son conocidas sus propiedades curativas y empleada en la dosis correcta puede brindar una buena experiencia. Sin embargo, su consumo en altas dosis, o la mezcla con alcohol y otros estupefacientes, puede llegar a ser mortal, razón por la cual en muchos lugares se ha buscado su erradicación.

Las abuelas cuentan que en la cordillera andina antiguamente era común que esta planta creciera de forma silvestre, no obstante, hoy en día es cada vez más difícil de encontrar.

Dentro de la cosmovisión campesina andina, las plantas mágicas son sagradas y se relacionan con dos energías espirituales denominadas arco y arca. No es casual que estas divinidades se asocien al agua en todas sus formas, pues se trata de especies que se encuentran en espacios húmedos. Lamentablemente, la quema y tala indiscriminada han ido secando aquellos ecosistemas y, en consecuencia, arruinando las condiciones necesarias para su crecimiento.

En el mismo sentido, otro factor que ha sido determinante es la expansión urbana al interior de zonas rurales. Muchas áreas que antes eran verdes, ahora se encuentran cubiertas de concreto y no pocos campesinos han debido abandonar sus actividades agrícolas tradicionales para convertirse en albañiles.

Algunas variantes de hongos alucinógenos han desaparecido a causa de estas circunstancias, pero también tiene responsabilidad la industria ganadera, ya que al reemplazar la alimentación natural del ganado vacuno con productos concentrados se altera el ciclo natural de reproducción de las esporas.

Por otra parte, hay un daño que es producido por la misma gente que consume los hongos, pues suelen arrancarlos desde la base, ignorando que es preferible cortarlos o, inclusive, dejar algunos en el lugar a fin de que sigan apareciendo.

En general, el ecosistema del páramo -que son zonas de alta montaña caracterizadas por la presencia de gran variedad de arbustos- ha sido modificado para introducir cultivos principalmente de papa y ajo, lo que trae como consecuencia el desplazamiento de la vegetación autóctona y, con ello, la extinción de muchas especies de plantas de uso medicinal y espiritual.

Estos monocultivos han atentado contra la supervivencia de una biodiversidad que sí garantizaba el conuco, aquel sistema de siembra tradicional de las familias campesinas, que consistía sencillamente en el cultivo de especies diferentes para mantener la autosustentabilidad.

Sin embargo, la demanda por alimentos de las ciudades hizo que muchos conucos se sustituyeran por grandes extensiones de tierra sembradas con un solo tipo de cultivo a fin de aumentar la productividad. La nueva forma de cultivar la tierra requirió el uso de pesticidas y consecuencia de esto fue la contaminación de los suelos y las aguas.

Además de la agricultura extensiva y la ganadería, existen otros factores que han puesto en riesgo las especies nativas. Uno de ellos fue la reforestación con pinos que se realizó a partir de la década de los 50. Esta política de desarrollo vinculada al sector forestal aniquiló gran parte de la vegetación local, desplazó los bosques autóctonos y terminó causando la acidificación de los suelos, lo que impide para el futuro que otras plantas puedan crecer en estos lugares.

Una especie que se hace cada vez más difícil de encontrar en forma silvestre es el díctamo real, planta que solo crece en la cordillera andina a unos tres mil metros de altura. Pese a no poseer propiedades alucinógenas, dentro de la cultura campesina se le considera una planta sagrada a la que se le atribuye la capacidad de rejuvenecer a quien la consume. No se trata de una planta cualquiera. De hecho, no se deja ver a simple vista y pareciera que mientras más se busca, más se esconde. Según la tradición oral, solo los venados y aquellos que conocen los secretos del páramo pueden encontrarla.

Pues bien, esta planta, que crece únicamente en climas fríos, podría ser una de las afectadas si las temperaturas siguen aumentando.

El beso de Los Andes

Tenemos entonces que la acción contaminante y destructora del ser humano ha puesto en riesgo la sobrevivencia de muchas especies vegetales, entre las cuales se hallan numerosas plantas con propiedades psicoactivas.

Pese al horror que aquello implica, actualmente no existen programas para su conservación, por el contrario, su cultivo es ilegal y, en consecuencia, está prohibido. Con ello no solo han sido subestimadas las potencialidades curativas de estas plantas, sino que además se han subestimado los efectos que su desaparición traería a escala del ecosistema global.

La extinción de una especie condena a otras especies que dependen de ella para su sobrevivencia. Esto es lo que los científicos han llamado coextinción, proceso que por efecto dominó podría terminar aniquilando toda forma de vida en nuestro planeta.

Un mito surgido en los Andes de alguna manera nos advierte de este escenario. Se cree que dos montañas, La cara del indio y La cara de la india, cada día se aproximan un poco; el día que ambas se unan en la forma de un beso será la destrucción total del mundo.  Es el problema de la coextinción que se planteaba antes, y la única forma de evitar que ocurra parece ser el cambio radical de nuestro estilo de vida y patrones de consumo, avanzando además en el desarrollo de energías alternativas y sustentables.

Quizás el uso de plantas de poder pudiera ser una forma de sensibilizarnos ante esta realidad, pues a través de ellas es posible entender la íntima conexión que existe entre las diferentes especies.