Entrevistas

María Ignacia Valdés: Cuando tomé la primera hormona femenina fue mágico

Hablamos con quien es la primera estudiante trans en titularse con su nombre social en nuestro país. María Ignacia nos cuenta que le encanta el maquillaje, cambiar su corte de cabello seguido, usar tacones altos. Pero esta alegría que la desborda y que queda en evidencia en la sesión de fotos que realizamos con ella, no siempre fue así. Ser la mujer que quería ha sido una historia de paciencia que tuvo que enfrentar sola.  “Poco a poco la sociedad se está abriendo al tema trans y ha ido entendiendo que el aceptar o no aceptar a una persona transgénero es un tema personal, pero que el tema importante acá es el respeto”.

Entrevista y producción Pablo Valenzuela A. / Fotos: Claudia Araya

Agradecimientos:

Abrigo café: @antitesis

Maquillaje: @tapia.maria.jose

María Ignacia Valdés (24) trabaja hace más de dos años en el área de marketing de la agencia GyT Group.  A comienzos de junio se tituló de publicista en la Universidad Las Américas y es la primera estudiante trans en recibir su título con su nombre social. El camino ha sido largo y si bien su título es la consagración de un proyecto personal en varios sentidos, también este crecimiento académico ha venido acompañado de un cambio trascendental.

María Ignacia nació en Curicó y, como buena hija única, sus padres solo tenían “ojos para ella”. Sin embargo y con el correr de los años había algo que permanecía oculto, que no se hablaba y que la mantenía en un constante torbellino de emociones y autodescubrimiento.

“Me llamaba la atención cómo actuaban mis compañeros, sentía atracción por aquellas actitudes varoniles. Siempre me sentí una chica más en el curso, mirábamos a nuestros compañeros como cualquier grupo de amigas”, cuenta María Ignacia.

¿Cómo era para ti vivir con esta sensación cuando estabas en el colegio?

“Era una sensación muy extraña, ya que mientras tus compañeros piensan en solo jugar, tú piensas ¿qué pasa conmigo?, entonces era una sensación de incertidumbre y eso era peor ya que necesitaba tener todo bajo control, incluso de pequeña. Eso me descolocaba, hasta que luego entendí de que se trataba.”

¿Y de qué se trataba?

“Entendí por qué realmente yo quería vestir como mis compañeras y quería solo jugar con ellas. Y la razón es yo me sentía una más. Y fue cuando en mi mente, y te hablo de muy pequeña, de kinder, que me di cuenta de que era una mujer pero que por alguna razón nací con genitalidad masculina. No entendía la razón como tal, solo me dejaba llevar por mi instinto y mis pensamientos que a diario rondaban mi mente, que me indicaban ¡Tú eres mujer! Soñaba verme como una mujer, me imaginaba con el uniforme de mis compañeras, con vestidos, era algo de todos los días, que finalmente desencadenó la decisión que tomé de transicionar de género y vestir como lo qué realmente soy, una mujer.”

La adolescencia incómoda

De primero a tercero medio estuvo en un colegio católico, y ahí comenzó a tener problemas con su entorno al no sentirse parte del ambiente. No se llevaba bien con sus compañeros y se sentía muy reprimida en un escenario católico. Pasó varios recreos cuestionándose que era lo que sentía realmente.

Nos cuenta, aunque salta a la vista, que siempre ha tenido una personalidad avasalladora e imponente así que sus cuestionamientos no pasaban por problemas de bullying ya que siempre supo defenderse y eso fue central para no sentirse sobrepasada o invulnerable.

Pero fue en la adolescencia donde comenzaron los problemas, siempre estuvo en su interior el pensamiento de ser una mujer, pero en aquel entonces las respuestas eran pocas y las dudas, muchas.

Con su padre nunca habló del tema y a su madre solo le comentó que le gustaban los chicos pero nunca más hablaron de ello. Recibía mucho amor de parte de sus amigos y padres, se sintió relativamente feliz en aquella etapa de su vida, pero como todo adolescente, había una búsqueda incompleta.

¿Cómo es la vida de una adolescente transexual?

“En esta sociedad por supuesto que es difícil, pero creo que todo depende de la persona, de su fortaleza mental, porque no me gusta encasillar el bullying solo a términos de género y sexuales ya que por todo molestan en el colegio, el tema es como uno enfrenta todo eso. Para una persona débil, el solo hecho de ser adolecente ya es difícil, entonces imagínate transexual, te pueden gritar cosas e incluso de las burlas podrían llegar a los golpes. Pero no me gusta referirme a solo lo negativo de la sociedad, porque poco a poco la sociedad ya se está abriendo al tema trans y ha ido entendiendo que el aceptar o no aceptar a una persona transgénero es un tema personal, pero que el tema importante es el respeto, el no pasar a llevar la vida del otro independiente de las decisiones que tomó.”

EL DESPERTAR DE MARÍA IGNACIA

Comenzó la etapa de las fiestas en casa, y todos sus compañeros y compañeras se arreglaban para salir. Ella se sintió en desventaja porque tenía que vestir como hombre, aunque lo que de verdad quería era salir como mujer pero era muy pronto para una persona de ciudad pequeña. Ahí en ese espacio conservador nadie lo entendería. Fue una etapa compleja, pero más que nada por esta lucha personal y ahí nadie podía ayudarla más que su propia mente.

Cuando sus amigas comenzaron a pololear se cuestionaba sobre el momento en que conocería un chico que le gustara e iniciar una relación. Se sentía mujer, pero en Curicó solo era un chico que estaba a punto de salir de cuarto medio.

La mayoría de edad llegó con un cambio de cuidad. Llegó a vivir a Santiago con 18 años y con metas bien definidas:  estudiar y convertirse en mujer para los ojos de todo el mundo. Ingresó a la universidad a estudiar publicidad en 2011. Sin duda era la carrera en la que quería desempeñarse a futuro, y sentía que era un rubro donde no hay tabúes con respecto al estilo de vida que quieras llevar.

El tiempo en la universidad fue un periodo de seguir conociéndose interiormente. A María Ignacia le llamaba mucho la atención el mundo del transformismo y los certámenes de belleza dentro del ambiente gay. Claramente no quería ser transformista, pero sí era la puerta de entrada a este mundo con que siempre soñó, ya que ahí podría sacar todas sus dudas con respecto a si es lo que quería a futuro. Comenzó maquillándose en su departamento, adquiriendo prendas femeninas, y realizando estas actividades en modo de práctica para estar preparada al momento de lanzarse a los escenarios y no tener desventajas con ninguna de las demás participantes, porque si hay algo que la caracteriza, según relata, es la perseverancia y la búsqueda de la perfección en todo lo que hace o se propone.

María Ignacia Valdés, su actual nombre social, nace en un certamen de belleza “Miss Chile Colombia” enfocado a transformistas. Era su primera aparición en público y para su sorpresa obtuvo el primer lugar. Después obtendría el segundo lugar en “Miss Nueva Cero”.

Ya se había ganado un espacio en el mundo gay por su belleza y desplante. Su personaje de aquel entonces lograba tener todas las cualidades de una fémina. Eso le facilitó indagar sobre cómo ser una transexual.

“Ahí entendí con mayor claridad el tema de consumir hormonas y cómo hacerlo en base a las experiencias de aquellos transformistas o transexuales que ya lo estaban haciendo, algunos para afinar detalles de su personaje y otros para preparar su cuerpo para vivir como mujer”.

María Ignacia tenía mucho miedo e inseguridades con respecto al consumo de hormonas, pero cada vez le afectaba más desmaquillarse y pasar de María Ignacia a un chico. Eso le fue dando confianza y aclarando su mente para darse cuenta que el primer paso para esta transformación era tomando dichas hormonas.

Su estrés y sufrimiento de no vivir como realmente quería le estaba pasando la cuenta, y todas estas sensaciones de querer ser mujer le afloraban cuando estaba de chico, dándole mayor claridad a su mente, de que quería vivir como una mujer. Según nos cuenta en base a las experiencias de las personas que conoció, la mayoría de las transexuales se daban cuenta de que querían vivir como mujeres cuando se maquillaban y lo mismo le estaba pasando a ella.

“CUANDO TOMÉ ESA PASTILLA ME DIJE A MI MISMA LO VALIENTE QUE ERA”

Informarse de cómo realizar su transición no fue fácil. Hay muchas personas e instituciones que te dan informaciones diferentes y no te dejan con una idea clara de cómo y cuándo comenzar con un tratamiento de este tipo.

La seguridad de iniciar su tratamiento surge en el momento en que conoce Organizando Trans Diversidades (OTD). Ahí su sueño estaba cada vez más cerca. Le ayudaron a tomar la decisión  y comenzar con el proceso.

“Comencé a consumir hormonas antes de visitar al médico. Durante dos meses me preparé e investigué sobre el tema, y los siguientes tres meses consumí estas pastillas sin supervisión profesional”, agrega María Ignacia.

¿Qué sentiste cuando iniciaste tu tratamiento hormonal?

“Cuando tomé la primera hormona femenina, fue un momento mágico, en que por fin hacía algo de lo que estaba tan segura, que por fin llegaba mi momento de vivir. Pero a la vez sentí mucha responsabilidad, ya que tomar la primera hormona es recién el comienzo, de un camino difícil y desconocido. Lo más importante, además de sentir que mi cuerpo vibraba de nervios y emociones positivas, fue que adquirí la gran responsabilidad, de que, si estaba tomando esa pastilla, es porque llegaría hasta el final con el proceso, que no sería algo a tontas y a locas, que lo intentaría hasta decir ¡Lo logré!”

El tratamiento comenzaba, durante el primer mes, ingiriendo bloqueadores de testosterona, para dejar de producirla y atrofiar los testículos. Luego, al mes siguiente, siguió con el estrógeno.

Recién al tercer mes logró conseguir una hora con un endocrinólogo, por eso tomó la decisión de hormonarse de manera particular mientras esperaba ser atendida por un profesional.  Tenía mucha ansiedad por comenzar este tratamiento, por eso tomó la decisión de ganar tiempo adelantándose a lo que el endocrinólogo le podría decir.

Su cuerpo se acostumbró a estas pastillas, pero no fue fácil, fue invasivo, engañador, por que el cuerpo no reacciona igual todos los días.

El camino no ha sido fácil para María Ignacia, pero los miedos de la adolescente que se sentía muchas veces incomprendida se han disipado para confirmar lo que ella siempre supo: podía brillar por sí misma sin las desconfianzas del pasado.

“Yo no le exijo a las personas que me entiendan, que se sensibilicen con mi historia o que me admiren por lo luchadora que he sido, yo lo que EXIJO, y (no tengo por qué pedirlo) es el respeto, es el dejarme vivir como cualquier otra persona, y que si yo llego a un determinado lugar y a una o más personas les molesta mi presencia por ser transexual, los que tendrán que salir del lugar serán ellos, porque yo soy tan segura y dueña del mundo, que jamás me iría de un lugar por otra persona.”

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