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Lecciones de San Pedro de Carlo Brescia.

“No se puede estudiar a la planta sin probarla”  

El documentalista peruano y experto en San Pedro, Carlo Brescia, estuvo en Santiago para dar una charla sobre la planta y estrenar su película. Cáñamo aprovechó de conversar con él y preguntarle qué ha aprendido sobre -y de- la planta sagrada de los Andes.

Texto y fotos (retrato y San Pedro): Jorge Rosales

Imagina que entras en un templo de piedra milenario de 10 metros de altura, a 3000 m de altitud, completamente oscuro. En su interior, con el eco propio de la roca, rugen aire y agua, resonando a la fuerza por un laberinto de galerías bajo tus pies.

Imagina ahora en tus labios un sabor amargo, y que tus pupilas dilatadas perciben formas en la oscuridad, las que tu mente alarga en infinitas repeticiones geométricas. Ves el color de los sonidos y sientes que eres parte de todo, y todo es parte de ti, en el ciclo eterno del universo.

Imagina que delante de ti camina un hombre con serpientes y plumas que cuelgan desde su cabeza y por la espalda. Ese hombre tiene garras que sostienen dos báculos… o ¿serán cactus?

En el fondo del recinto ese hombre se detiene y se da vuelta hacia ti, y ahora puedes ver sus ojos desorbitados y unos colmillos de jaguar que le deforman la boca.

En el complejo arqueológico Chavín de Huantar, que aún se yergue 462 km al noreste de Lima, a casi 3200 m de altura, se han encontrado diversas tallas en piedra de gran belleza y complejidad, que dan cuenta del protagonismo que tenía el San Pedro en los rituales de esa cultura.

Carlo Brescia llegó hasta allí, en el departamento de Ancash, a estudiar el sitio y su relación ancestral con el cactus hace 17 años y no se fue más. Ingeniero Industrial y doble máster en proyectos culturales son títulos inusuales para un experto en la etnobotánica de un cactus, pero así son los caminos de Huachuma.

Salió de Lima después de la Universidad hacia Cuzco a encontrarse con lo que entiende como su herencia cultural y territorial ya que no genética, como delatan sus rasgos y apellido más bien europeos.

Uno de los efectos más generalmente reconocidos del San Pedro es “la sensación de estar en conexión directa con todo lo existente, de ser parte del todo, la integración del yo con el universo”, dice Brescia en su blog, y es de allí de donde sale su primera lección:

“Me di cuenta de la riqueza de la espiritualidad andina, que no envidia a ninguna otra. Es simple, pero profunda: La tierra da vida; hay que cuidar la tierra, cuidar la semilla.”

Ahí se enamoró del mundo andino y de Huachuma para no parar de estudiarlos más. “No se puede estudiar al mundo andino sin estudiar a Huachuma, y no se puede estudiar a la planta sin probarla”, dice.

El mundo Chavín

Chavín de Huantar era un centro de peregrinación. La Chavín una cultura agricultora, poseedora de avanzadas tecnologías de irrigación y pronóstico del tiempo, necesarias para manejar exitosamente el recurso del agua. Los encargados de la predicción de lluvias eran los sacerdotes, instruidos en descifrar los ciclos del cielo, y este era el oráculo que venían a consultar los peregrinos.

En el templo, en ceremonias con San Pedro y Cebil (Anadanthera Peregrina o Colubrina), los sacerdotes se ponían en contacto con las deidades que gobernaban aire, agua y tierra, representadas respectivamente por águila, serpiente y jaguar, y encontraban en el equilibrio de los 3 elementos la prosperidad de sus comunidades.

En el frontis del edificio de Chavín de Huantar llamado “Castillo” por sus grandiosas dimensiones, hubo alguna vez empotradas 56 “cabezas clavas”, esculturas de cabezas humanas con diferentes expresiones. Una de estas cabezas, conservada en un museo, representa claramente figuras de cactus saliendo de los ojos de la escultura, indicando que Huachuma “abre los ojos”.

Pero la principal muestra de la presencia del San Pedro en la cultura Chavín es una losa de piedra que forma parte de una plaza circular semi-hundida en el complejo del templo, y que es conocida como el “Portador de cactus”. En ella, un ser de ojos desorbitados, colmillos de felino y cabellos de serpiente, muy similar al dios de los báculos encontrado en culturas posteriores como Tiawanaku, sostiene un cactus San Pedro de 4 costillas con su mano derecha.

El templo está construido sobre un curso de agua, que junto al viento entraba por un laberinto de galerías, produciendo un sonido constante y potente, descrito como “similar al rugido de un jaguar”, capaz de inducir o ayudar a llegar a un estado de trance, el que se vería profundizado por la total oscuridad en el interior del templo.

Para Carlo Brescia hay también evidencia del carácter chamánico del arte chavín en la representación frecuente de “transformaciones chamánicas” en cabezas clavas y  estelas de piedra que muestran individuos con rasgos animales a la vez que humanos. Así mismo, en la presencia de parafernalia para la inhalación de cebil, y de una “infraestructura adecuada para ritos de transmisión vivencial de conocimientos bajo el modelo mistérico y la caverna iniciática”, como serían las galerías del templo.

Los efectos visuales de la mezcalina presente en el San Pedro también serían evidentes en el arte Chavín, en particular la repetición en patrones geométricos y fractales tanto de las figuras de jaguares como del tocado de serpientes del dios de los báculos.

Largo cactus, larga Historia

Los hallazgos arqueológicos más antiguos relacionados con el uso de San Pedro datan de unos 2000 a 3000 años AC, y corresponden a trozos del cactus, cortados y deshidratados, encontrados en diversas excavaciones en el litoral peruano, en lugares de altura inferior a los 2 o 3 mil metros donde crece de forma natural. Algunos sitios arqueológicos de la cultura Caral, de esas mismas épocas, muestran vestigios del consumo ritual de una especie de caracol terrestre que se alimenta de Huachuma.

Pero es la cultura Chavín, que vivió entre los 1200 y 200 AC en el norte de Perú, la que deja plasmada en forma más clara la evidencia de su uso ritual.  Chavín es considerada la cultura madre de los Andes peruanos, ya que, a partir de su declinación, otras civilizaciones posteriores heredaron rasgos culturales como los conocimientos de agricultura, la adoración al dios de los báculos, y el uso de Huachuma, partiendo por los Moches y hasta Tiahuanaco.

Cuando llegó el auge del imperio Inca, el dios de las varas, ahora conocido como Wiracocha, había pasado a ser secundario frente al todopoderoso Inti. Y del uso de San Pedro no hay indicios arqueológicos de la época. Para el tiempo en que los españoles colonizaron Perú, los pueblos originarios de la zona usaban los cactus que llamaban Huachuma ya sólo para sesiones de sanación y de hechicería, como dan cuenta algunos relatos de la época:

“…del corazón de la achuma que es un gran cardón de su naturaleza medicinal hacía que cortasen una como hostia blanca y que puesta en un lugar adornado de varias flores y hierbas olorosas y la achuma con sartas de granates y cuentas que ellos más estiman era adorada como Dios persuadidos que allí estaba escondido Santiago (así llaman al rayo) danzaban y bailaban delante de ella ofrendábanle plata y otros dones luego comulgaban tomando la misma achuma en bebida que les privaba de juicio. Ahí eran los éxtasis y visiones, aparecíaseles el demonio en forma de rayo.” (Carta anónima recopilada en Archivium Romanum Societatis Iesu, Roma, Peru, Lettere Annue IV 1630-1651).

En su afán por borrar de los territorios recientemente adquiridos todo culto “pagano”, “hereje” o simplemente distinto del catolicismo, los españoles intentaron primero prohibir sus manifestaciones, y luego asimilarlas a los íconos cristianos, y es así como el Hachuma asume su muy católica nueva identidad como San Pedro.

Pero lo que no pudieron borrar fue su herencia espiritual a los Andes. “Para la cosmovisión andina, me atrevo a definir que la experiencia mística se da cuando una persona tiene la experiencia de integración con todo lo que existe. Esa sensación de entroncamiento cósmico en donde uno se vuelve parte del todo: es uno con la tierra, las estrellas, el sol, la luna, el árbol, el agua, la montaña y más. El concepto quechua de ayni (‘Reciprocidad’) implica todas esas relaciones de la persona con su entorno”, explica Brescia, y es como si describiera una experiencia con el cactus.

Huachuma en Perú Actual

En la América indígena y mestiza, el brujo tradicional que usa Huachuma para sanaciones y hechizos, blancos o negros, nunca dejó de existir. Brescia, que los ha estudiado en profundidad, escribe en su blog que “para la cultura andina, en el San Pedro existe una entidad mítica (“espíritu “, “poder “, “virtud “) que permite la visión y instruye el cháman en la visión”.

“La manifestación del espíritu es funcional al éxito de las ceremonias terapéuticas y/o adivinatorias y permite al cháman (…) cumplir su viaje en las regiones del mito para buscar personas, o cosas perdidas y para desentrañar los secretos de acontecimientos futuros pues la salida de “este mundo” representa también la salida de “este tiempo” según el concepto expresado en quechua por la palabra pacha.”

Para la América europeizada, en cambio, San Pedro pasó a la clandestinidad desde la Colonia hasta la década de los 1960’s, cuando el movimiento contracultural comenzó a redescubrir las sustancias psicodélicas.

Los seguidores del New Age de los años ‘80 y ‘90 tomaron el báculo y lo llevaron a la cultura popular, mezclado con nociones ancestrales, razón por la que en la actualidad tenemos incluso un turismo chamánico en el Perú, y con la consiguiente aparición también de chamanes comerciantes.

Esta práctica encierra peligros, advierte Brescia, y no sólo por la desvalorización de las prácticas ancestrales que trae la mezcla de ritos diversos para satisfacer las expectativas de los turistas, sino también para la experiencia del turista con la planta. Todo lo que rodea a la experiencia influye en ella, desde la música que se escucha hasta la cultura de la que proviene la persona.

La falta de una persona experimentada que guíe la experiencia puede dejar desprotegido al viajero, vulnerable a la entrada de energías que no podrá controlar. Por otro lado, la falta de un rito que le dé una intención a la toma del cactus, aunque no sea un rito tradicional, arriesga al viajero a experimentar una pérdida de conciencia en vez de la expansión de ella, que es el verdadero poder de esta planta.

Como explica Brescia, “Estas plantas abren energéticamente al cuerpo. Esta planta vibra, te abre, y abre quizá situaciones que deben ser manejadas”, dice de forma un poco críptica. “Hay que contenerlo, y por eso se necesita una persona con experiencia”.

Lecciones de Huachuma

Es el experto en San Pedro el que trae el tema del mensaje o lección que entrega la planta, pero más allá de una descripción general de los efectos físicos del San Pedro, es difícil extraerle lecciones generales, en medio de justificaciones legítimas acerca de cómo la experiencia se ve afectada por circunstancias como la forma de prepararlo o el estado emocional del viajero.

“Lo que vas a sentir y ver está en ti. Al comienzo, lo primero que vas a ver son tus mentiras”, dice, pero también recuerda que quienes hayan experimentado con una dosis moderada del cactus, saben que las experiencias son siempre subjetivas, impredecibles e irreplicables. Cierto, aprobamos, pero como no lo queremos dejar ir sin una muestra de su acumulación de sabiduría, le pedimos que nos cuente al menos lo que el cactus le ha enseñado a él.

Nos dice que es muy extraño, porque el seguir al cactus le ha hecho seguir un camino circular. “Salí de Lima pensando alejarme de lo que conocía, de mi familia, de mi ciudad, y lo primero que me encuentro es la cultura andina, que me dice ‘hazte cargo de tus ancestros’. Por eso seguí al cactus hasta Chavín de Huantar, y después de 5 años trabajando ahí con él, el cactus me devolvió a mi familia al encontrarme con un primo con el que compartía una bisabuela, la cual yo no sabía, pero había sido curandera con San Pedro hasta los años ‘60”.

“Entonces, resumiendo el mensaje que te ha traído a ti el San Pedro, ¿Podemos decir que son 4: Somos Comunidad; Hazte cargo de tus Ancestros; Cuida la Tierra y la Semilla; y Vuelve a la Familia?” le pregunto.

“Sí”, me dice con ojos grandes. “Y yo agregaría una 5ª, “Vuelve a Ti”.

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