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“La primera línea es la juventud que está chata de todo este sistema”

Andi Ferrer Millanao, Portavoz, se presentará el próximo domingo 23 de febrero en La Serena, en el marco del Festival Sativa, evento que no solo convoca a más de una decena de artistas sino que se instala como un espacio donde se pueda visibilizar varias demandas sociales, entre ellas la tan anhelada ley autocultivo. Nosotros aprovechamos su participación en el festival para conversar acerca del estallido social, su mirada como mapuche y cómo se estigmatiza con las drogas a la pobla. Acá la entrevista de quien, con sus canciones, se ha transformado en parte de la banda sonora de la revuelta en Chile.

Irwing Padilla y Carlos Martínez

El rap en Chile ha expresado por años las grandes desigualdades que se presentan en la sociedad. ¿Crees que la frase “no lo vimos venir” por parte de los políticos se justifique siendo que existían tantas expresiones que estaban dando cuenta de lo que sucedía en nuestro país?

No solo el rap como música lo venía expresando, sino que otros géneros también, bandas de rock por ahí, o gente que hace trova, todos venían retratando y describiendo cómo es este Chile neoliberal, que en el fondo fue el que generó todo este estallido social. Y no solo los géneros musicales venían tratando el tema, sino que también el movimiento estudiantil hace mucho rato que viene luchando en las calles, movilizándose, como en el 2006, con la revolución pingüina, o en 2011 por la educación gratuita. Otros movimientos como el feminista, el movimiento No + AFP, el mismo movimiento mapuche, que desde el principio de los 90 viene luchando contra este modelo económico y contra la Constitución de Pinochet. Yo creo que, claro, todo ha sido una acumulación de fuerzas sociales que de pronto se encontraron con esa abusiva alza en el pasaje del Metro y se cansaron, dando con el gran estallido social que movilizó hasta a quienes nunca habían salido a las calles a manifestarse.

El otro Chile es un tema que compusiste hace un par de años y relata las diferencias sociales de nuestro país. ¿Qué te genera esta canción en el actual contexto?

Caleta de gente me dice que El otro Chile fue una premonición, y me da risa porque en el fondo yo igual estaba retratando a un Chile desigual, donde hay un abismo entre una clase social y otra, donde hay una elite económica en donde se concentran las riquezas y hay un pueblo enorme que está endeudado, que está explotado laboralmente, que está chato de que se los caguen con la salud pública, con la educación. Entonces es más que nada lo que viene pasando desde que se instaló este modelo neoliberal con Pinochet y que los gobiernos “democráticos” de la Concertación siguieron profundizando, que no lo cambiaron, no cambiaron la Constitución de Pinocho, entonces todas mis letras nacen en ese contexto y eso básicamente, pero no fue una premonición ni profetizar sobre ni una weá, todos los veíamos.

Para algunos la primera línea es la representación de la delincuencia y para otros es la representación del relato épico de las movilizaciones. ¿Cuál es tu opinión acerca de aquellos que están ahí luchando?

La primera línea es la juventud que está chata de todo este sistema. Son los más aguerridos, los que van más al choque en definitiva, y yo creo que esa juventud existe hace muchos años, solo que ahora se está visibilizando más y quizás hoy día tiene un factor de masividad, porque hoy son muchos los que pelean contra los pacos. Desde los noventa, ochenta o antes que existe una juventud combatiente, que es la que va al frente a dar la batalla contra la policía, contra el Estado. Creo que lo bonito es que se ha masificado y que también se le ha incorporado matices, que son las antiparras, los escudos, las máscaras de gases, de ir aprendiendo en la lucha callejera el cómo enfrentar a la policía, el incorporar los láseres para cegar a los que manejan el zorrillo y el guanaco, los que pican piedras para luego lanzársela a los pacos. En definitiva es bonito ver el trabajo en equipo al momento de luchar.

Claro, de alguna manera han ido aprendiendo estrategias. En ese sentido, ¿cómo ves que el pueblo se autoeduque y que de alguna forma se rompa con esa idea de que los espacios de educación formal son los que permitieron que surjan fuerzas movilizadoras en estos últimos años?

Yo creo que los espacios de autoeducación han sido muy importantes en los últimos años para formarnos a nosotros mismos. Los espacios de educación popular, los talleres de hip hop, los distintos centros culturales, las mismas asambleas territoriales que hay en cada comuna, también son espacios de autoeducación. Han ayudado mucho a esta juventud que hoy día está luchando en primera línea o en las protestas, y claro, no es solo una juventud universitaria ni secundaria, sino que también es una educación poblacional, una juventud flaite que viene de distintas poblaciones a enfrentarse a la policía, o también a desatar protestas en sus mismas poblaciones. Creo que es bonito, que es un proceso nuevo que está recién empezando, es un ciclo que se está abriendo y que hay que darle nomás.

Lo que viene pasando desde el 18 O es una movilización que no obedece a una lógica partidista y más bien es la expresión de un pueblo descontento. ¿Crees que le hace bien o mal al movimiento no tener banderas políticas? ¿Crees que es importante reivindicarse como izquierda en estos momentos o es mejor decir que no se le cree ni a uno ni al otro?

Históricamente y actualmente también, la izquierda la ha cagao varias veces, entonces hay gobiernos que se han vuelto autoritarios, totalitarios y por eso la gente le tiene cierta desconfianza a los proyectos actuales de la izquierda, pero aun así yo tengo muchas ideas de izquierda, creo que socialismos reales acá no han existido, solo han sido intentos, y bueno, todos sabemos lo poderoso que es el imperialismo norteamericano que nunca ha dejado que se lleven a cabo proyectos de izquierda en otros países, porque al tiro generan golpes de estado, intervienen, como lo que pasa en Medio Oriente, como lo está intentando en Venezuela o como lo intentó en Cuba, como lo hicieron acá con Salvador Allende. Ahora ya todos sabemos cómo actúa Estados Unidos, porque hay diferentes registros como libros y documentales, o la misma historia, pero en el momento mismo la gente decía, “puta Allende, vale callampa este gobierno, porque nos tiene cagados de hambre”, pero en el fondo no veían que había un sabotaje económico, desabastecimientos por parte de fuerzas externas. Aun así, una cosa es ser de izquierda, comunista, anarquista o anticapitalista, pero también yo creo que es súper bueno recoger las experiencias de otros movimientos, como por ejemplo el movimiento mapuche no es occidental, los movimientos indígenas no son ni de derecha ni de izquierda, son indígenas. Hay mucha coincidencia con la idea anarquista o socialista en algunas cosas, pero también tiene su propio pensamiento, su propio timón. Creo que en ese sentido tenemos que aprender caleta, que la izquierda ha sido siempre muy occidental para sus cosas. Hoy tenemos que aprender caleta de los movimientos indígenas y del mapuche.

Reivindicando lo poblacional

Están surgiendo nuevos referentes musicales como Pablo Chill-E, que desde el trap han resignificado la idea de lo “flaite”. ¿Cómo ves esta vuelta que le han dado a este concepto donde ser flaite es algo que te empodera?

La verdad es que desde el rap siempre se hizo, pero claro, quizás con otras palabras. Nosotros nos sentimos muy orgullosos de ser poblacionales o pobladores, de reivindicar a la pobla. Me gusta mucho la música que hace el Pablo y su pará, porque también es como lo mismo cuando reivindica a los flaites. Nosotros también nos reivindicamos en muchos sentidos o cuando reivindicamos qué es ser lumpen, a pesar de que ese es un concepto que utilizaron mucho los medios de comunicación para criminalizar a la protesta social, pero lo que hace uno es tomarlo y reivindicar el concepto, darle otro contenido, es como, ya, nos dicen lumpen por estar protestando de forma radical, ¡entonces somos lumpen!, pero en el fondo somos luchadores sociales revolucionarios y la tele jamás utilizaría esas palabras y prefieren utilizar el concepto más negativo. Para mi es bacán lo que están haciendo los cabros, el Pablo, de reivindicar a los flaites, porque nosotros también nos sentimos identificados.

Claro, eso llama mucho la atención, porque uno estaba acostumbrado a escuchar que había que salir de la pobla para surgir, y lo que hace Pablo Chill-E en su discurso es todo lo contrario, porque de alguna forma propone salir de la pobla a ganar plata, pero retornar a ella y disfrutar con su comunidad.

Reivindicar que uno es de población no tiene nada que ver con que uno no pueda salir adelante económicamente con su familia, sino que valorar lo lindo de la pobla. En la pobla no solo hay delincuencia, sino que también que desde ella salen los mejores artistas, los más grandes, bueno, de los barrios de todo el mundo vienen los artistas que yo conozco, sean del rap, del jazz, del trap o del soul y el funk, pura gente pobre, de barrio, que a través de la música encontró una forma de ganarse la vida expresándose.

El ser mapuche

¿Cómo se construye una identidad mapuche en la ciudad?

Yo creo que todo mapuche de ciudad, como yo por ejemplo que nací acá (en Santiago), en algún momento tiene que retornar al campo e ir retomando el vínculo con su tuwun (lugar de origen). Volver al campo porque el Mapuche es con la naturaleza, con la tierra, y yo creo que ahí está la lucha misma por la recuperación de tierras y por recuperar el territorio, Wallmapu. En la ciudad podemos desarrollar bonitas luchas tanto en lo cultural, la recuperación de la lengua, la recuperación de las tradiciones mapuches de nuestras costumbres, sin embargo, es hoy el Wallmapu donde está la pelea más directa por la recuperación del territorio y la nación mapuche.

En los jóvenes ya no existe esa vergüenza de ser mapuche, al contrario, muchos se sienten orgullosos, se interesan por su lengua. ¿Cómo has vivido ese proceso?

Cuando chico en la escuela me decían indio, y obviamente lo hacían con el afán de achicarme, de perkinearme, pero a medida que uno va creciendo, se va educando, se va informando por uno mismo, va aprendiendo que en realidad los que estaban equivocados eran ellos, que los weones eran terribles de pavos y que los perkines eran ellos por no reconocer su cultura, porque estaban muy colonizados igual. En ese sentido, las escuelas  entorpecen bastante con la enseñanza cultural, desde que te interrumpen tu lengua nativa para plasmarte el chilenismo, ahí parte la colonización. Hay mucho peñi también, niños y niñas en las escuelas que son claramente mapuches y no hay una educación intercultural que les otorgue su lengua, sino que se les quita y se les chileniza. Pero creo que eso está empezando a cambiar y hay hartas experiencias de escuelas interculturales que creo que están avanzando hacia allá. También he notado que la sociedad chilena está mucho más abierta a sentirse identificada con la cultura mapuche. Tengo muchos amigos y amigas que quizás no tienen el apellido mapuche, pero igual se sienten mapuche y en vez de poner la bandera chilena en sus casas ponen la mapuche. En el fondo se sienten representados por el pensamiento y la cultura mapuche.

 ¿Sientes que esta mirada mapuche te ha ayudado como artista?

En varias de las últimas canciones que he escrito trato de integrarle esa mirada. Estoy tratando siempre de incorporar la mirada mapuche a mis canciones nuevas, a parte de la mirada de poblador, como parte de la clase trabajadora, de familia trabajadora, también integrarle la mirada desde el mundo mapuche.

Consumo consciente

¿Cuál es tu opinión acerca de cómo se ha manejado el tema de las drogas y en especial la marihuana en Chile? 

Yo creo que un buen primer paso sería despenalizar el autocultivo y erradicar esa mirada criminalizadora que siempre ha tenido el Estado frente a la marihuana y frente a todas las drogas. Hace falta una política de drogas en general en Chile que se haga cargo de la realidad que ya existe, porque no podemos ignorar que existen consumidores de diferentes drogas. Yo cacho que si existe una política de drogas que eduque a la población, que provea de marihuana natural a la gente, yo creo que la cosa cambiaría mucho. Además combatiría al narcotráfico y a las industrias farmacéuticas que no les conviene que la gente cultive su propia marihuana, porque nos acostumbraron a la cultura de consumir pastillas y nos han negado ese conocimiento medicinal a través de las plantas. Tiene que haber una política de drogas que deje de criminalizar a los consumidores y dejar de verlos como delincuentes o como enfermos, que es la weá que han hecho hasta ahora y no ha solucionado nada.

 ¿Crees que al final sea también es un problema de clases

Sí. La mirada del Estado y de la policía en torno a la droga tiene una mirada muy clasista. Se criminaliza a los pobladores y pobladoras cuando consumen algún tipo de droga y nos terminan viendo como un delincuente culiao y cuando lo hacen los cuicos o los zorrones, se los ve cool y no se les trata de la misma forma que a nosotros. Hay un sesgo claramente clasista.

¿Y qué opinas de la cultura narco? ¿Crees que exista una narcocultra en Chile?

A mí, la verdad, no me gusta mucho, jamás he rimado esas weás en mis letras. Creo que el narcotráfico ha traído violencia al barrio, miedo, rivalidades entre pandillas y eso. Creo también que es un tipo de control social que hay en el barrio, sobre todo porque no hay una política de drogas que te enseñe a ser un consumidor responsable, a no destruirte.

¿Alguna vez has sentido alguna presión o intimidación por parte de este mundo ligado al narcotráfico?

En mi barrio o en los barrios donde me junto con mis amigos, en las poblas, casi siempre se ven microtraficantes, que son vecinos y vecinas que venden un poco de droga para sobrevivir, pero ahí no es donde está latente el narcotráfico, el narcotráfico viene de los círculos de más poder, donde nosotros no tenemos acceso. Nuestra gente cuando se mete al microtráfico es por un tema de subsistencia.

Festival Sativa, música y conciencia cannábica

Cuéntame un poco de tu participación en el Festival Sativa y cómo ves el enfoque que le han dado para abordar el tema de la marihuana en nuestro país.

Lo que pasa en el Festival Sativa es positivo, porque promueve el autocultivo, el que no se siga criminalizando al que fuma marihuana, tanto de forma medicinal como recreativa. Creo que es súper importante la libertad individual de cada uno para consumir cannabis, obviamente que es bacán que sea de forma consciente y responsable, pero uno no es nadie para andar diciéndole a la gente lo que tiene y lo que no tiene que hacer. En este sentido, el festival, además de promover el autocultivo, también está potenciando a la música chilena y a distintos géneros musicales.

Y también tendrán espacios de discusión dentro del festival

Hay charlas, van distintos profesionales como abogados y médicos, por ejemplo. La idea es generar espacios de discusión en torno a la cultura cannábica en el festival; no es solo música, sino que también se habla del consumo responsable del cannabis. No es que nosotros convoquemos a la gente al festival a volarse todo el día, es que vaya y que también aprenda un poco de la cultura cannábica que se da dentro del mismo festival con la música, los artistas, los distintos expositores. Entonces es un poco lo que hace ExpoWeed de juntar al mundo cannábico, ya que por lo general, la gente que asiste al evento es consumidora de cannabis, entonces para ellos ir al festival es más que nada estar en un lugar seguro, un espacio de tranquilidad, de esparcimiento de culturas, en donde también los artistas se abren a la gente.

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