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La marihuana mata

Tener diferencias en materias científicas y técnicas de cualquier tipo, no solo es normal sino deseable al igual que debatirlas públicamente con pasión y convicción. Cometer errores al momento de exponer los argumentos o explicar datos que sustentan una determinada postura, obviamente puede ocurrir, y si ocurre, y reconocimiento mediante, se puede enmendar, pero el reconocimiento de la falta debe estar a la altura de la magnitud del error y también de quién lo comete.

Sin embargo, una cosa muy distinta, es falsear datos, antecedentes o información de manera ex profesa. Más aún si el “error” se refiere a algo relevante, determinante, y que quien lo comete, es una autoridad (técnica, científica, política, etc.).

En la página 9, párrafo 3 del informe del Colegio Médico en contra del uso medicinal del cannabis y del proyecto de ley Cultivo Seguro, dice “La marihuana es la segunda droga relacionada con muertes en casi la mitad de los países en que existe estadística al respecto” y cita como supuesta fuente un informe de UNDOC del año 2015.

Eso es falso. Eso es una mentira. Así de simple y grave es el asunto (ver artículo “Las falacias del informe del Colmed” de la presente edición).

Y más delicado es cuando el mentado informe lo que busca de manera declarada, es incidir en la discusión pública siendo expuesto ante la sociedad como la sentencia final de un debate supuestamente “basado en evidencia”, con todo el peso objetivo y subjetivo que implica que los autores del documento sean tres médicos y que además este sea refrendado por el Colegio Médico de Chile.

Si bien es cierto que no es argumento central del documento en cuestión (aunque la verdad cuesta saber cuál es), el tema sobre el cual se miente -la muerte ni más menos- es tan delicado, tan gravitante, y la forma de exponerlo tan descarada, que más allá de cualquier otra consideración, de cualquier otro sesgo u omisión que pudiera contener el informe, y que de hecho los tiene al por mayor, esa falsedad, ese intento burdo de manipulación de la realidad, echa por tierra cualquier validez y consideración que se le pudiera otorgar al informe.

Tan grave como lo anterior es que, pasados casi tres meses de la divulgación del informe, ninguno de los otros actores involucrados directa o indirectamente en su elaboración, ni de los que han hablado después de su publicación sirviendo de alto parlantes obsecuentes, hayan dicho nada. Ni la fundación Epistemonikos ni “Médicos Sin Marca” ni la comisión de Salud de Revolución Democrática ni su directiva.

Que más encima estos mismos actores, entre otros, post publicación del informe, tengan la desfachatez de dictar cátedra de ética y moral denunciando supuestos “intereses creados” de parte de los defensores y promotores del uso medicinal, es simplemente impresentable.

Pero ya que estamos, aprovechamos de declararles los nuestros.

Sí, tenemos “intereses creados” con Fundación Daya y su trabajo, pero no se trata de plata, antes, ahora o en el futuro. Nuestro “interés creado” con ellos, se basa en el respeto y admiración por la calidad, seriedad y abnegación del trabajo que realizan a pesar de todo, a pesar de ustedes. ¿Si se han equivocado? Una y mil veces nos imaginamos y les pasará en el futuro, como a cualquiera que pretende subvertir la realidad en beneficio de muchos, pero sin dolo, sin mentir. ¿Están ganando plata? No les llevamos la contabilidad, pero y si la ganaran, o cuando se la ganen, en buena hora porque sería justo y porque entonces podrán hacer más y mejor. No se trata de “poner la mano al fuego” por Daya. Tampoco se trata de un “acto de fe”. Esto es real, se ve, es concreto. Si algún día la cagan, ahí veremos que pasa, mientras eso no ocurra, solo respeto y apoyo.

Y sí, tenemos “intereses creados” en el desarrollo del mercado y la industria del cannabis. Pero lamentablemente eso no existe aún en Chile, o no como la imaginan ustedes al menos, básicamente porque no está regulado. La única “industria millonaria del cannabis” que existe, es la del mercado negro, ese del que ustedes no hablan ni se hacen cargo. Cada vez que ustedes dicen “no” respecto del cannabis, que es lo único que dicen, son más lucas que le entran al narcotráfico y son mas personas usuarias las que quedan expuestas. Y la única forma de enfrentarlo efectivamente es regulándolo. He ahí el por qué de nuestro interés. ¿Qué habrá gente que se forrará en el proceso? Seguramente, solo esperamos que eso ocurra con buenas armas, basados en el comercio justo, en el desarrollo sustentable, en generar puestos de trabajo y generando impuestos que fácilmente podrían cuadruplicar el presupuesto del Senda para hacer más y mejor prevención, especialmente dirigida a los niños, niñas y adolecentes de nuestro país, para ofrecer tratamientos reales y efectivos a quienes lo necesitaran. Si logramos generar un mercado y una industria con una regulación con estos estándares, entonces sí: nos encantaría ser parte de eso.

Pero no se equivoquen de nuevo: no es nuestro fin último. Nuestro más grande “interés creado”, es en torno a la regulación, una que permita resguardar salud y libertad, que eduque, proteja, acoja y trate si es necesario. Porque como lo hemos dicho desde hace mucho, no defendemos sustancias ni plantas, defendemos derechos.

Nosotros estamos acá desde hace 15 años y más, sacando la primera revista cannábica de Latinoamérica, organizando la primera manifestación pública exigiendo otra política de drogas, montando la primera y más grande feria cannábica del continente, dando charlas en colegios, universidades, en juntas de vecinos, presentándonos de candidatos al parlamento solo para instalar el tema. Hace 15 años y más, cuando la fiebre del “oro verde” no existía. Cuando muchos de ustedes no existían, y si estaban, jamás los escuchamos decir nada sobre estos temas que hoy tanta preocupación parece generarles. Hablamos cuando ustedes callaron, estuvimos en la calle donde no los vimos nunca. Y aquí seguimos: con la verde esperanza intacta.