ActivismoCannabisCultivoEducaciónEmprendimientoEntrevistasEntrevistas y ReportajesEstilo de VidaEstudiosInternacionalMedicinalMercadoPolicialPolíticaPolítica y ActivismoRegulaciónSociedad

La ley uruguaya cumple 5 años pero aún no aprende a caminar

Pasaron cinco años desde que Uruguay se convirtió en el primer país del mundo en regular el uso lúdico de cannabis. En ese tiempo ha pasado de todo y, si bien la norma vive hoy su mejor momento desde que nació, todavía falta ajustar detalles para que la libertad se convierta en independencia. Detalles que puede resolver Canadá.

Ramiro Barreiro, Montevideo/Fotos: Expocannabis

Al momento existen 30.000 usuarios registrados y, según datos del Instituto de Regulación y Control del Cannabis (IRCCA), las farmacias han vendido desde julio de 2017 -cuando se habilitó el expendio en las 17 farmacias dispuestas en todo el país- más de 1.200 kilos de flores. “Se realizaron 248.945 transacciones de paquetes de cannabis de cinco gramos, totalizando 1.244.725 gramos vendidos” indicó el informe del organismo que, así, ofrece por primera vez en la región cifras oficiales de consumo, algo que el mercado y las agencias del Estado esperaban con ansias.

El sistema uruguayo, único en el mundo en su tipo, comenzó con menos de 5.000 inscriptos para comprar marihuana pero, un año después, alcanza 27.500 anotados que pueden adquirir hasta 40 gramos mensuales de marihuana que se venden en sobres sellados de cinco gramos a razón de 1,40 dólares el gramo. Los consumidores disponen de cuatro variedades del producto que se cultiva en invernaderos a unos 50 km al oeste de Montevideo, en terrenos fiscales bajo fuerte vigilancia. Las flores que se venden en las farmacias no presentan colocones demasiado intensos, en comparación con las que se ofrecen en los 109 clubes de cultivo que tienen permiso para producir hasta 99 plantas cada uno. Aunque el gramo de esas flores oscila los siete dólares.

La norma también habilita el cultivo doméstico de seis plantas por casa, opción que hasta el momento eligieron 6.980 personas, casi la mitad de los que se cree que existen. “Hay falta de educación en algunos ámbitos, también hay miedo al registro”, analiza en diálogo con Cáñamo, Mercedes Ponce de León, portavoz de la organización Uruguay Siembra, quienes hacen Expocannabis Uruguay y que su quinta versión está prevista para realizarse los días 7,8 y 9 de diciembre. “Tampoco está cubierto el acceso a todo el país y eso excluye a muchos usuarios”, completa. Con la regulación, mucha menos gente miente en las encuestas. “El 70% de los usuarios de cannabis se sienten más libres de asumir que consumen”, indicó el director de la Secretaría Nacional de Drogas, Diego Olivera. Eso también ha inflado los números.

“La regulación del cannabis ha alejado a la mayor parte de los usuarios de la exposición a actividades ilícitas y ha permitido disminuir los daños ocasionados por el acceso a sustancias de peor calidad. Además ha arrebatado una parte sustancial del mercado a los traficantes”, destacó el funcionario en la reciente Conferencia Latinoamericana sobre Políticas de Drogas que se realizó en octubre en Ciudad de México. Al mismo tiempo remarcó: “Actualmente hay una licencia otorgada para el cultivo de 10 toneladas de flores al año y una para industrialización, y tenemos 25 proyectos productivos o de investigación en evaluación. Estamos apostando a que las actividades productivas en relación al cannabis beneficien la economía y el bienestar de los uruguayos”.

Mercedes, coincide: “Si sumas socios, clubes, cultivadores o adquirientes, son casi 50.000 personas que ya no compran en el mercado negro. Si multiplicas eso por los 480 gramos por año, son toneladas de cannabis que el narcotráfico no está produciendo ni vendiendo, y eso es mucho más efectivo que cualquier incautación policial de los últimos años en este país. La regulación ya está demostrando que es mucho más efectiva que la policía reprimiendo. Y además accediendo a un producto de mayor calidad, y mucho más control para cuidado de la salud pública”.

Negocios son negocios

La portavoz de Uruguay Siembra, también advierte la aparición en la escena del cannabis medicinal y el industrial, “algo que en Uruguay no se conocía tanto”. Esas son las facetas de la ley con más avances y retrocesos, aunque los defensores de la flor hoy le prenden velas a la “hoja roja”.

“La entrada de Canadá en la mesa cambia las reglas del juego”. El que habla es Marcos Algorta, un paulista de 40 años que pasó su vida como saltimbanqui entre América y Europa, pero que en 2013 recaló en Montevideo para desarrollar su faceta de empresario. Hoy preside la Cámara de Empresarios del Cannabis Medicinal, de reciente creación. “Un país con la imagen política de Canadá al lado de Uruguay, nos quita a nosotros esa mirada de país delirante que teníamos”, asegura y se esperanza: “Hay bancos canadienses en plaza y ya estamos hablando con ellos”.

“Hay un revoleo de inversores gigantesco en el Uruguay. Al principio éramos los bichos raros y hoy en día te llaman de estudios de abogados y de todos lados para invertir. Eso cambió sin dudas por el acercamiento de Canadá. El 2018 fue un destape”, insiste Marco en diálogo con Cáñamo y sentado cómodamente en su rústica oficina de Ciudad Vieja. En total, 14 empresas conforman la Cámara. Hay laboratorios de extracción, productores de cáñamo con alto contenido de CBD. Otros son solo revendedores, traders. “De acá a cinco años, el cannabis puede estar entre los primeros cuatro productos de exportación junto con la celulosa, la carne y los lácteos”, imagina el licenciado en Letras.

En el mismo juego, Mercedes imagina su propio negocio, como todos los uruguayos que están en el tema: “Imagínate el valor que puede tener un corte orgánico de carne uruguaya alimentado con semillas de cáñamo. Eso está ahí, en la puerta. Y todo esto sin sumar al turismo”.

La radiografía nacional que ofrece Mercedes Ponce de León, invita a entusiasmarse: “Uruguay tiene todo para competir fuerte en el mundo, no solo porque tiene una buena regulación sino que además es estable política, social y económicamente. Es laico y en muchas cosas bastante progresista. Pero además necesita puestos de trabajo y diversificar su matriz productiva y económica. Entonces, el cannabis ofrece una oportunidad súper importante y creemos que no se está maximizando el potencial real que tiene”. Pero también se muestra cauta al advertir “la amenaza de Canadá, que si no nos ponemos las pilas, todas las industrias se van a ir para allá”.

“Uruguay tiene que tener protocolos claros”, admite Algorta, “Sigue habiendo muchos sectores que trancan, incluso, dentro mismo del gobierno. Falta convertir a unos cuantos. Hay como dos alas: la católica conservadora (la del presidente Tabaré Vázquez) del Frente Amplio y la más radical, que sigue pensando a la droga como la herramienta que tiene el imperialismo para controlar a la juventud. Dentro del Frente Amplio se duerme con el enemigo sin dudas”.

En la oposición existe la misma grieta aunque por motivos diferentes: “tenés a los más business, que ven una oportunidad de negocios y entonces no le importa más nada y después los que le decís ‘cannabis’ y se persignan”, remata.

Actualmente hay 400 personas trabajando directamente en la industria del cannabis, sin mencionar actividades conexas como growshops y productos relacionados con la planta que están siendo comercializados por nombrar algunos. Desde el IRCCA estiman que en cuatro años esta cifra alcance las 2.500 personas.

“La ley uruguaya de 2013 es muy buena para 2013, porque fue muy abierta, pero al ser así no obliga a nada y da mucho margen a las decisiones políticas sin exigir hacer cosas. Las cosas se dan cuando se tienen que dar y ahora sí que Uruguay no puede dejar pasar la oportunidad”, cierra el empresario.

Uruguay, país de carne, madera, leche… y cannabis medicinal

“El desinterés del ministerio de Salud Pública es evidente”, acusa Mercedes. La cantidad de licencias otorgadas para el medicinal, apenas dos, y las que ya concedió el ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca para uso industrial, diez, son una muestra de donde está la traba. Y si aún no queda claro, para muestra un botón: el 17 de agosto, el IRCCA y la Secretaría de Drogas participaron de un evento en el edificio de presidencia junto con el embajador de Canadá, país que ese mismo día comenzaba a dispensar cannabis en forma legal. La fiesta extrañó la ausencia del ministerio de Salud Pública.

La ley fue impulsada y sancionada durante el gobierno de Pepe Mujica, hoy alejado de la política tradicional, más bien convertido en un Maestro Yoda del Frente Amplio, partido que gobierna Uruguay hace década y media con números positivos en el plano económico. En 2015 asumió el médico oncólogo Tabaré Vazquez, quien ya había gobernado de 2005 a 2010. El cannabis, con él, dejó de ser prioridad. No obstante, una firma del mandatario aprobó en 2017 un decreto para el uso de cannabidiol (CBD) de cáñamo (no cannabis) medicinal. En ese mismo año se entregaron las dos primeras licencias para producción y se habilitó la venta bajo receta profesional. Esto último habilitó la presencia de los primeros productos de cannabis medicinal registrados para venta en farmacias con control de calidad. “Por ahora viene de Suiza y esperamos hacerlo acá porque además la demanda no está cubierta”, planteó Mercedes.

La ley también habilita a los usuarios medicinales a importar pidiendo autorización al ministerio de Salud Pública, pero estas personas hoy en día se ven volcadas al mercado gris, o sea, a comprar ignotos productores artesanales de aceite, sin mínimos controles.

Una de esas habilitaciones fue para Cannapur, el proyecto creado por Marco Algorta en 2016 con un capital inicial de 59.000 dólares que en su momento provino del primer subsidio destinado al cannabis en Uruguay con fondos públicos del BID y el Mercosur. Sin embargo, el año pasado se acercó un inversor canadiense que fue melaza para los cogollos y la inversión inicialmente estimada en cuatro o cinco millones de dólares pasó a ser de 50 millones. El espacio de media hectárea en Cerro es suplantado por uno de cinco hectáreas en Juan Lacaze, una ciudad golpeada por la desocupación y ubicada a 150 kilómetros de la capital uruguaya. Y así, una empresa uruguaya exportará flores de cannabis en cantidades industriales a Canadá. Sólo falta que se concrete, algo por demás complicado en Sudamérica.

La llegada de dinero canadiense a emprendimientos uruguayos como el de Marco podría cambiar la mirada de Vázquez, ya en el epílogo de su mandato (octubre 2019). Sobre todo si descubre que el país tiene en sus manos la posibilidad histórica de diversificar su gama de productos al mundo, y sobre todo a la región, donde la imparable demanda de aceite de cannabis choca de bruces con la obcecada mirada de los gobiernos de derecha de Mauricio Macri, en Argentina, y Jair Bolsonaro, a partir del 1 de enero, en Brasil, los mercados más grandes de la región.

Es hora de que Uruguay, un país que ya nos dio carne, madera y leche, abra las puertas de sus tranqueras y haga llover las flores.