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El Factor Gazmuri

Archivo Cáñamo, octubre 2014
Edición n° 90

Ha sido una de las protagonistas indiscutidas de la cruzada pro cannabis que los últimos meses ha chicoteado al Estado chileno con gran éxito. Y no sólo por haber colocado el uso medicinal en la primera línea al conseguir la inédita autorización en Chile y Latinoamérica para realizar un cultivo medicinal colectivo en La Florida o su aporte en la visibilización y articulación del uso terapéutico en niños; sino que también por su decidido apoyo para lograr el ingreso del famoso Sativex.

Por Juan Francisco Arias / Fotografía: Mister Haze

Nos recibió una mañana de martes junto a sus perros salchicha “Martín” y “Almendra” en su casa de Peñalolén, para conversar rodeados de más de cuarenta budas que adornan su patio. La idea obviamente era hablar del camino que la transformó de reconocida y destacada actriz de teatro y televisión, a cara visible del activismo cannábico, y de cómo ha vivido este vertiginoso 2014 en medio de la consolidación de Fundación Daya, la organización desde la cual planifica, proyecta y vive sus peleas por una nueva política de drogas ayudando a decenas de familias en Chile.

¿Cómo conociste la marihuana?

La planta la conozco desde los, no sé… diecisiete años. Hace mucho. Tengo una larga relación con la planta y con su potencial. Para mí, y lo he dicho en otras entrevistas, de las primeras cosas más sorprendentes al conocer la planta y su uso fue, en mi experiencia personal, esta capacidad de abrirte a otros espacios interiores. El poder, de alguna manera, operar como un elemento expansor de conciencia, el poder conectarte con aspectos más sutiles, más ligados a tu sensorialidad, saliéndose un poco de la tiranía de la cabeza, del intelecto, de la razón y poder conectar con otros planos. Inmediatamente se transformó para mí en una potente herramienta de introspección.

O sea, conociste los caños e inmediatamente entendiste que era una súper buena herramienta para conectarte contigo misma.

Es que lo que pasa es que fue el efecto que provocó en mí. Inmediatamente pude ampliar mi capacidad perceptual, mi capacidad de decodificar la realidad con más elementos. Desde ángulos distintos.

¿Te acuerdas como fue esa primera vez que te fumaste un pito?

Sí, me acuerdo perfectamente. La primera vez fue una experiencia rara, desconcertante.

¿Dónde fue?

En el Estadio Nacional.

¿Fuiste a ver un partido? ¿Un concierto? ¿A Pink Floyd?

No, no… jajaja Para nada, te juro que no. En el Estadio Nacional, pero en una ida del colegio para ir a ver una competencia deportiva, o no sé, un campeonato de atletismo o algo así.

¿Pero tú competías?

No, yo iba a hacer barra a los otros compañeros que competían por el colegio. Una cosa así, como típica actividad súper fome en donde uno no tenía ningún interés verdadero en participar. La cosa es que un compañero llevó un pito. Yo no cachaba nada.

¿Y te pasó algo?

Si, absolutamente. Me volé altiro.

Fue la mejor competencia escolar de tu vida.

No, no. Mi tema fueron las palomas. Había muchas palomas en el estadio. Yo estaba alucinada con las palomas. No podía creer las alas de las palomas, cómo volaban las palomas, cómo se comunicaban las palomas.

¿Antes de eso qué pensabas de la marihuana? ¿Te asustaba o la tenías más o menos clara?

No me asustaba, pero tampoco me llamaba particularmente la atención. Yo siempre he sido bastante desprejuiciada con todos los temas. Sencillamente yo creo que no se había producido el acercamiento. Ahora, fumar jamás ha sido una necesidad para mí. Nunca, y menos ahora. A estas alturas de mi vida, que tengo 48 años, puedo decir con toda propiedad que no tengo una personalidad que tienda a la adicción. Entonces, puedo relacionarme con diferentes situaciones, sustancias, experiencias, sin generar una conducta adictiva hacia ellas.

¿Pero pasaste por un período en donde fumabas caños recreacionalmente, sin tener todavía a la planta como leit motiv?

Por supuesto, por supuesto. Mucho tiempo en la vida fue así, tampoco era una cosa tan central que modificara mis actividades cotidianas; tampoco incidió en el colegio. O sea, tenía un 6,8 de promedio.

¿Y fuiste la mejor alumna alguna vez con un 6,8?

No, no alguna vez. Casi siempre. Entonces para mí, nunca fue un problema. Además siempre entendí que para mí el estudiar y el hacer las cosas que me interesaban era importante. Para mí no era problema ser responsable, me gusta aprender, me gusta estudiar. Para mí era imposible disfrutar un pito en una fiesta un viernes en la noche si para la prueba del lunes, me quedaba algo pendiente, ¿me entiendes? Soy un poquito obsesiva.

¿Te pillaron los pacos alguna vez?

No. Una vez hubo una anécdota que la conté y que la narraron después en otra parte, en una entrevista en televisión y fuera de contexto, fue bien fome. Porque fue una anécdota que me pasó a los diecisiete años en una plaza, y cuando la contaron no contextualizaron, parecía que hubiera sido ahora, y eso no corresponde. En fin. Una vez, hace muchos años, estábamos con una amiga fumando marihuana en una plaza en Vitacura, y de repente escuchamos el paso de las botitas. Entonces yo digo chuta, y claro, eran los pacos. Y la técnica de ellos fue: “Ok, o se fuman todo lo que tienen ahí o las llevamos detenidas.” Yo lo encontré súper irresponsable, la verdad. Mal, súper mal. Nos obligaron a una sobredosis. Por suerte que es una sustancia segura…

Fotografía por Mister Haze

¿Qué te gusta hacer cuando fumas?

Jardinear, lo que más me gusta, lejos. Me gusta fumar cuando estoy relajada, con cero presión, cuando quiero respirar, cuando quiero conectarme, meterme con mi jardín, con las plantas, agarrar mis tijeritas de podar, ahí estoy feliz. Y ese es un momento de expansión para mí. De conexión con la naturaleza. Es un momento que me aporta.

¿Qué variedades prefieres? ¿Sativas, índicas, o alguna cepa en particular?

Depende para qué momento. Me gustan las índicas, pero me gustan en la noche, para dormir bien, soltar y sacarme la tensión del día. Soltar también el stress de la exposición permanente, de estar en un trabajo tan mental todo el día, pensando, hablando, discurseando. Entonces una índica en la noche me permite sacarme eso de encima, alivianarme y relajarme para dormir porque tengo problemas para hacerlo. Por lo mismo, porque soy muy… digamos, me quedo pensando en esto o en lo otro, en lo pendiente y bla bla bla, entonces me cuesta generar el entorno en que yo realmente duerma. Además, duermo poco, soy de dormir poco. Entonces la índica para mí es un alivio en ese sentido.

¿Y cómo comenzaste tu etapa de activismo?

Yo siempre manifesté públicamente mi postura. Lo que pasa es que quizás no se notaba tanto porque era en un momento en que no llamaba la atención, no estaba instalado tan públicamente el tema Yo me acuerdo en un programa de televisión haber dicho abiertamente que estaba a favor de la marihuana, en un momento que nadie lo decía; en otra ocasión lo dije en la radio. Te estoy hablando de quince años atrás.

Después se transformó el cannabis en un motivo de lucha.

En mi vida estaba muy naturalizado porque vivía en un contexto familiar en donde somos varios hermanos para quienes el uso de cannabis era algo habitual y normal, sin ningún grado de conflicto con eso. Entonces en mi vida no era un gran tema. De pronto, cuando empiezan a aparecer públicamente figuras que se ven estigmatizadas y utilizadas mediáticamente con esto…

¿Te refieres a gente que fue detenida, por ejemplo, casos así?

Sí. Ahí empiezo a levantar la voz. Así como lo he hecho con muchos otros temas también. Entonces no es que yo haya decidido ponerme activista pro cannabis de un día para otro, sino que reaccioné frente a situaciones que me parecían claras vulneraciones de derechos, como también lo he hecho con otros temas sociales y de derechos humanos, sólo que aquí había menos voces públicas, menos gente que se atreviera a dar la cara. Así inmediatamente cobra una notoriedad lo que uno habla. Yo primero aparecí a la luz pública apoyando ciertas casos, como el de Matías Vega. También me manifesté con lo que pasó a Ariel Mateluna, después particularmente con el doctor Milton Flores. Y por último, apoyando a Manuel Lagos en la absurda situación de la que fue víctima.

Fue una bola de nieve, porque empezaron a invitarte a todos los programas de la tele que querían hablar de marihuana.

Y para mí era importante sostener estas ideas porque nuestra política de drogas incurre en una permanente vulneración de derechos. En ese momento mi interés empieza a estar capturado. Empiezo con la idea de hacer un documental, “Flores del Silencio”, que pretendía mostrar la realidad de la cannabis en Chile, en todas sus facetas. Y empiezo a hacer investigación con esto y a informarme cada vez más.

Y ahí conociste y estudiaste la variante medicinal de la planta.

Sí, al empezar a trabajar para el documental, de pronto me encuentro de frentón, de golpe, con lo medicinal. Ahí el documental pasó a segundo plano porque mi atención se fue hacia eso. Yo soy terapeuta y creo que tengo una vocación de servicio que es importante para mí. Todo pasó sincrónicamente. Yo recién había conocido lo del aceite de cannabis cuando aparece el video de Charlotte. Y aparece entonces la Amalia, con epilepsia refractaria, y pasa a ser la primera niñita en Chile que probó el aceite… funcionó. Empezamos a investigar más, a traspasar información, a estudiar, a ver videos y documentales, ver qué pasa en Canadá, qué pasaba en Israel, estudiar, profundizar, profundizar, profundizar y de pronto más y más gente empieza a necesitar ayuda y orientación y sin darnos cuenta nuestra casa se transformó en un peregrinar de gente que entraba y salía todo el día, en busca de información sobre lo medicinal, en busca de ayuda.

¿Entonces la fundación nació casi sin proponértelo?

En ese momento entendimos que a esto teníamos que darle una forma, había que darle una operatividad y ahí con Nicolás, mi pareja, dijimos “bueno, ¿qué hacemos?”. Y ahí dimos con la mejor opción para nuestros fines, crear una fundación, lo que nos permitiría avanzar con más fuerza en este tema. Ahí tomamos la bandera medicinal con todo. Y bueno, hicimos “Fundación Daya”. Primero fue un trabajo arduo definir exactamente cómo hacerlo, definir los estatutos, que nos dieran la amplitud que nosotros necesitábamos para lo que queríamos desarrollar. Queríamos ser una fundación, porque justamente lo que queremos es democratizar y posibilitar el acceso a terapias complementarias y medicinas naturales de bajo costo para las personas. Entonces, desde nuestra fundación podemos proteger que esto se mantenga en ese ámbito y que no entre el lucro, que no se transforme en un producto de élite.

¿Con cuántas familias o personas o pacientes aproximadamente están trabajando?

Lo que pasa es que ahí hay que diferenciar. Hay muchos pacientes que tienen una cita, una consulta, en que le entregamos toda la información que necesitan. No hay un seguimiento. Lo que nosotros tendemos a hacer es empoderar a los pacientes. Hay otros en que por supuesto, hay una continuidad, hay un control y hay que seguir reportando. Pero de alguna manera lo que nosotros hacemos, es informar, educar y posibilitar que las personas se transformen y manejen su propia medicina alternativa.

O sea lo central de su trabajo es entregar la información respecto a las posibilidades y potencialidades que ofrece la planta. Orientar…

Exactamente eso es lo que nosotros hacemos, que es lo que la gente necesita y busca. Y no sólo entregamos la orientación con respecto al uso medicinal de la cannabis, sino también lo que nosotros ofrecemos es una hora de atención con la persona, en que la escuchamos. Porque estamos actuando desde una presencia plena, desde el estar disponible para esa persona que está atravesando por momentos difíciles en su vida, que está sufriendo una enfermedad, que se ha sentido muchas veces maltratada, humillada. Por atenderse deficientemente en el sistema actual de salud, que no es capaz de dar cuenta de las necesidades de las personas, que les conceden quince minutos de consulta, con suerte. O por no obtener resultados con los tratamientos convencionales, a pesar de lo esfuerzos médicos.

Así se fueron llenando de familias sobre todo con niños que necesitaban ayuda.

Esa es la realidad con que nos encontramos, eso hace que mi vida esté por completo, por completo, dedicada a esto. Porque es una urgencia, porque un imperativo ético ayudar a aliviar el sufrimiento, que es nuestra misión como fundación, está ahí. Y es lo que estamos haciendo. Tuvimos el último encuentro de Familias de niños con Epilepsia Refractaria el sábado pasado; llegaron más de cien familias de todo Chile.

¿Qué hacen específicamente con ellos?

Lo que hacemos es empoderarlos a ellos. No estamos diciendo “Nosotros tenemos la solución para ti”, lo que hacemos es informarlos, empoderarlos e instarlos a que generen comunidad. A que se apoyen. ¿Y qué hemos hecho nosotros para proteger a esos padres? Instalar esta problemática en nuetro discurso público, hablar con las autoridades, que todos estén enterados. Porque cuando todos están enterados se genera una protección. No vendrán después a decir que no sabían que esto estaba pasando. El intendente de Santiago sabe perfectamente lo que es “Mamá Cultiva” y lo que viven sus miembros. Y se ha mostrado muy empático. Lo saben también en SENDA, a la misma directora Lidia Amarales se lo contamos en una entrevista a la que fuimos con la directora de “Mamá Cultiva”. Las autoridades lo saben y eso a nuestro entender genera protección para ejercer este derecho a los padres, a pesar de las reacciones que pudiesen existir estos días en algunas sociedades médicas, que dudan de la poca seguridad y de los efectos secundarios. Las mamás contestan con mucha fuerza: Ninguno de esos efectos secundarios le llega ni a los talones a los efectos de las drogas que hoy en día la asistencia médica convencional les da a sus hijos y sin resultados.

Y tú has sido testigo de esos cambios…

Claro, además las consecuencias más graves de los efectos secundarios de esos medicamentos, son ceguera, agresividad, sacarse las uñas, sacarse el pelo, no dormir. Estamos hablando de ese tipo de efectos secundarios. Entonces con esto, por primera vez los padres relatan que conocen a sus hijos y comienza a aparecer la verdadera personalidad de estos niños, que por primera vez están conectados, que por primera vez sonríen. Como te contaba, la primera vez que recibimos este aceite hicimos la conexión con la mamá de esta niñita de dos años, Amalia, que necesitaba ayuda desesperadamente; más de una vez la habían hecho despedirse de su hija. Así de radical. Hicimos ese puente compasivo, porque era una situación crítica y al día siguiente, domingo, despierto, abro mi correo y lo primero que me encuentro es un mail de la mamá que decía “Anoche, por primera vez desde que nació, Amalia durmió toda la noche”. Entonces cuando eso pasa, cuando un padre dice por primera vez “mi hija me sonrió”, eso es invaluable.

Pero no todos son niños, también hay adultos que sufren cáncer.

Por otro lado está el otro tipo de paciente, particularmente oncológico, que también hace un proceso tremendo. Aquí llegan dos tipos de pacientes oncológicos, algunos que están en fase de tratamiento, radioterapia o quimioterapia, y que en el fondo buscan orientación, información, para ayudarse a sobrellevar mejor los efectos secundarios de todos estos tratamientos. También hay una afectación en lo anímico, que también se regula, se suaviza. Ayuda además a recuperar el apetito, a disminuir las náuseas y los dolores. Este es un paciente que se beneficia muchísimo. Pero por otro lado existe el paciente terminal, y con ellos la experiencia ha sido riquísima. Muy potente, muy potente. Y todas las semanas nos está pasando que nos llega un correo que dice, mi papá, mi hermano, mi hijo, partió, pero lo hizo tranquilo y en paz, conectado, sin dolor… y en esto el aceite ha jugado su rol.

¿El mundo privado se ha portado bien con la Fundación Daya?, imagino que se financian con donaciones o aportes.

Estamos en ese proceso. Activando el área de cooperaciones y colaboraciones recíprocas y estamos esperando ahora una casa que nos va a facilitar Bienes Nacionales, porque el flujo de pacientes que nosotros atendemos ahora es importante. Hasta ahora funcionamos con trabajo voluntario y con nuestros propios fondos. Hay mucha actividad, piensa que nosotros hacemos al menos dos seminarios o conferencias todas las semanas, además de los pacientes, de las mesas de trabajo, del diseño de los próximos proyectos, como el estudio para epilepsia refractaria. Entonces, son muchos planos y puro trabajo voluntario. Estamos en ese proceso, ahora sí ya estamos comenzando con cooperaciones internacionales, interesantes, digamos en la misma mirada, la misma línea que trabajamos nosotros. Y estamos trabajando el proyecto de La Florida.

A propósito, ¿cómo nació ese proyecto?

Lo que pasa es que desde un principio la fundación tenía como horizonte trabajar en la dirección de lograr obtener un permiso para un cultivo colectivo, estrictamente medicinal. Eso era para lo que estábamos trabajando y por lo cual los estatutos los estábamos haciendo de tal manera de que estuvieran todas estas posibilidades.

¿Pero cómo surgió concretamente la idea?

Nos tocó conocer al alcalde de La Florida en un evento social, conversamos de lo que estábamos haciendo y nuestra visión sobre el uso medicinal; típico que una se pone un poco latera o monotemática con los rollos. Entonces al alcalde le resonó esto y después lo conversó con la doctora Verónica Fuller, que es la jefa de salud, y resultó que ella tenía una visión parecida a la mía, aunque quizás no estaba tan involucrada con el tema. Además el alcalde tenía una experiencia cercana del sufrimiento que acarrea el cáncer, con su papá. Entonces a raíz de eso él nos propone que hagamos el proyecto en conjunto.

Una parada muy progre para venir de un alcalde UDI.

Súper, y eso nosotros lo reconocemos absolutamente y lo valoramos. Y nos parece que estas instancias de cooperación público-privadas son modelos muy interesantes porque en el fondo se potencian los beneficios para la comunidad.. Y hacemos esta alianza en que cada parte tiene su rol; ellos ponen el terreno, la infraestructura en que vamos a funcionar. Nosotros ponemos nuestro conocimiento y nuestra experiencia. Desarrollaremos lo que va a ser el cultivo y la cosecha, y luego el proceso de extracción. Después con el equipo de salud trabajaremos en lo que es la implementación de este estudio clínico. Nuestro desafío era, con la legislación tal cual como está, ver cómo hacíamos esta postulación. Fue un trabajo muy prolijo y acabado, de varios meses, y finalmente presentamos la postulación. Y hoy día, con aprobación en mano, estamos por convertirnos en el primer cultivo medicinal legal de Latinoamérica. En general todas las instancias involucradas en este proceso se han portado súper bien.

Igual es curioso: se ha portado bien él, se ha portado bien el ISP, el Ministerio de Salud, pero la cabeza de todos ellos, que es la Presidenta, ni siquiera hace el gesto mínimo de sacar la marihuana de la Lista 1.

Yo creo que lo va a hacer. Estoy segura que la Presidenta, sobre todo en su condición de médico, está llamada a comprender y a hacerse cargo del sufrimiento y de la situación que tenemos en lo que se refiere a los cuidados paliativos de nuestro país. Yo creo que ella va a acceder, además que desde cualquier mirada que se tenga sobre lo que se está debatiendo, desde cualquier punto de vista, si lo que queremos hacer es proteger la salud pública, tenemos que hacer urgentes transformaciones. La actual política de drogas, en la que ella tiene responsabilidad, ha generado demasiado daño social. Es el momento de soñar con una sociedad más amable, más empática, más generosa, que cuida y respeta a todos por igual. Y hay que aprovechar y agradecer las medicinas que, en su sabiduría, nos entrega la naturaleza.

Portada octubre 2014, edición n° 90

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