Olivia Arévalo Lomas de 81 años, lideresa y chamana de la etnia amazónica shipibo-conibo.
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El crimen de la Ayahuasca

En la  comunidad indígena en Uyacali(Perú), dos personas fueron asesinadas en plena calle. La ayahuasca, una reconocida líder indígena, un canadiense y un pueblo gritando justicia son los protagonistas de esta historia.[show_more more=”Seguir Leyendo” less=”Volver” color=”#0066cc” align=”center”]

El pasado jueves 19 de abril, Olivia Arévalo Lomas de 81 años, lideresa y chamana de la etnia amazónica shipibo-conibo fue asesinada de tres disparos a escasos metros de su casa. Todo pasó en plena calle y supuestamente, ante la mirada de testigos que acusaron directamente al ciudadano canadiense de 41 años Sebastian Woodroffe. El supuesto asesino, habría disparado contra Arévalo y habría huido del pueblo en una motocicleta.

La comunidad shipibo comenzó entonces la búsqueda de Woodroffe, por el que ofrecían una recompensa y al que acusaban directamente de la muerte de Arévalo en unos carteles repartidos por toda la comunidad.

El ciudadano canadiense Sebastián Paul Woodroffe.
Foto del ciudadano canadiense Sebastián Paul Woodroffe.

Dos días después del asesinato de Arévalo, un aterrador video aparecía en redes sociales, en el que varias personas golpeaban y trataban de ahorcar con una cuerda a un individuo, más tarde identificado como el ciudadano canadiense Sebastián Woodroffe. En el video se puede apreciar como el resto de la comunidad está presente en la escena, niños incluidos. Es la viva imagen de lo que muchos medios han calificado como “la ley de la selva”.  Horas más tarde, cuerpos policiales peruanos desenterraban de una tumba de 6 metros el cadáver del canadiense.

El móvil del supuesto asesino no está nada claro. Varias teorías circulan por los medios de comunicación, como que Woodroffe habría matado a la líder indígena porque esta se negó a realizar una sesión espiritual con ayahuasca, la bebida alucinógena por la que muchísimos turistas acuden a estos recónditos pueblos de la Amazonía. Otras teorías, menos fuertes, indican que se trataría de un ajuste de cuentas. La Policía Nacional no ha aclarado el móvil del asesinato pero el Canal N de la televisión peruana, informó que los agentes sabían que el extranjero poseía armas de fuego.

Woodroff llevaba varios años viajando por Perú y en 2014 había empezado un proyecto en el que a través de donaciones pretendía estudiar métodos naturales para combatir las adicciones.

Las autoridades peruanas han emitido una orden de búsqueda y captura de los dos principales autores del asesinato del canadiense, que se encuentran por el momento en paradero desconocido.

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