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De viaje con Nano Stern

A su corta edad, Nano Stern ya carga en sus hombros con una extensa carrera artística que lo ha llevado a recorrer el mundo con su guitarra y su violín. Hoy en día es uno de los más talentosos exponentes de la escena nacional, reconocido por otros gigantes de la música chilena como Joe Vasconcellos o Francisco “Pancho” Sazo, del grupo Congreso. Ambos, además, colaboraron en su última placa Las Torres de Sal.

Por Fernando Costa Guzmán / Fotografía: Víctor Anacona
Archivos Cáñamo. Fecha original de publicación julio 2011, edición N° 56.

En la última marcha Cultiva Tus Derechos, se encargó de amenizar el momento previo a la partida del camión, interpretando algunos temas de su repertorio y alzando la voz por las libertades individuales, tema que no le es ajeno, ya que en sus viajes le ha tocado conocer de cerca los contrastes que existen en países como Suecia, Marruecos u Holanda.

Antes de su más reciente viaje a Europa, se tomó el tiempo para hablar con Cáñamo sobre su relación con las drogas, sus viajes y una divertida anécdota que involucra a la querida Policía nacional.

Las Torres de Sal hacen referencia a la leyenda de cuando se expulsa a la gente de las ciudades Sodoma y Gomorra, conocidas por los excesos que se vivían ahí. ¿Hubo muchos excesos en la creación del disco?

En realidad no, fue un momento mucho más introspectivo comparado con otros períodos de mi vida, mucho más calmo. Lo que me llama la atención de esa leyenda es lo que viene después, cuando los arcángeles les dicen que se deben ir sin mirar hacia atrás, pero la esposa de Lot lo hace y queda convertida en una estatua de sal. Eso es lo interesante, porque es mucho más amplio.

El disco es un viaje tremendo, muy amplio musicalmente hablando y, según he notado, todo está interconectado, desde el primer hasta el último tema. Casi como que fuera obligación escucharlo en orden.

Sí y no, por un lado hay más trabajo que en cualquier otro disco que haya hecho, pero también hay que considerar que fue grabado en directo y con muchos fragmentos de improvisación. Entonces dentro de ese esquema que está propuesto, que calza, que tiene muchas re-lecturas posibles, también hubo mucho espacio para la libertad del momento, eso fue súper lindo. El disco está pensado muy directamente, desde la escucha interna mía, hacia dentro de la persona que lo pueda estar escuchando ahora. De ahí parte y ahí debiese llegar la música en general.

“me declaro enemigo de las dependencias, en lo que sea: puede ser una droga, una bebida, una idea, una mujer… todas esas dependencias finalmente te cagan.”

Cuando nos encontramos en la marcha Cultiva Tus Derechos, antes de tocar, me dijiste “siempre hay que estar donde están los volados”. ¿A qué viene esa reflexión?

No recuerdo, pero al margen de que sea dónde están o no los volados, ese día lo importante fue reunirse a manifestar por la libertad de todos nosotros en tantas cosas. Por eso es bonito el nombre Cultiva Tus Derechos, porque va mucho más allá de la marihuana, va a la libertad de vivir tu vida sin que alguien te imponga cómo hacerlo, sobre todo cuando se da en cosas tan ridículas o sin sentido como la prohibición de la marihuana.

¿Qué te produjo ver esa cantidad de gente?

Emocionante, tocar ahí fue algo súper especial, hacerlo al comienzo, antes de que el camión partiera. Es destacable también que a pesar de esa cantidad de personas había una conciencia muy importante de no pasarse a los bandejones, de cuidar el espacio y respetar la manifestación, que entre todos hacen que funcione.

¿Qué te parecen las actuales políticas de drogas en el país?

Terrible, lo encuentro una tontera. El otro día me controlaron en la calle por haberme fumado un pito, fue una experiencia divertida. Fue después de un concierto de los Inti Illimani con la Eva Ayllón, en Providencia. En todo caso fue de hueón, fumé donde no debí haber fumado. Estaba con uno de los cabros de Juana Fe, cuando nos detuvieron ya no teníamos nada, pero le empezamos a cantar al paco “yo no soy drogadicto, pero tengo luquita”. Fue un momento bien surreal, como que se quería reír, pero no podía.

¿Cuál ha sido tu relación con las sustancias?

Muy de experimentación, siempre, desde más o menos joven, con gente muy querida me acerqué a la marihuana y pasé temprano por esa etapa de volado, como entre los 16 y 18 años fue mi tiempo de fumar harto, luego fue cambiando, tuve la experiencia de irme a vivir a Holanda. Lo más interesante de eso fue que al principio era muy emocionante eso de llegar a un lugar donde tienen un menú con más de 25 variedades diferentes de cogollos y hashís, pero después de eso se torna normal, ya no te llama la atención. Después, cuando volví a Chile, me era muy normal prender un pito en un bar y lo hacía, mis amigos se urgían y ahí me di cuenta de que es tan ridículo que esté prohibido, comparado por ejemplo con el cigarrillo, que es una cuestión tan tóxica.

¿Es parte de tu proceso creativo fumar marihuana?

No, o sea, igual de repente fumo en mi vida y me pongo creativo, se me ocurren cosas, pero no es que lo haga cada vez que me siente a componer. Creo que tampoco es el camino, porque para la creatividad y como para todas las cosas, uno debe ser capaz de lograrlas en todos los estados, y la marihuana altera las conexiones cerebrales, sutilmente y a veces no tanto.

Háblame de los contrastes que te ha tocado ver en tus viajes sobre las políticas de drogas.

Me ha tocado estar en países donde la marihuana es legal o donde de verdad te pueden llevar en cana por un buen rato si te ven fumando un pito. Por ejemplo, en Turquía y en Marruecos hay que tener mucho cuidado porque existe una cuestión súper extraña, si bien el hashís es parte integral de sus costumbres, hay muchas partes donde se produce desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la ley hace la vista gorda de eso, salvo que seas un turista, ahí no te la perdonan. Sin duda hay un doble estándar.

Como anécdota, una vez en Marruecos hicimos una excursión y nos pusimos a hablar del tema con el tipo que nos llevaba. Nos contó de un valle donde había plantaciones gigantescas, así como en Chile hay parras, allá eran de marihuana. Le pedimos y nos llevó, nos bajamos y de verdad era un valle gigantesco, lomas, cerros, las matas se perdían en el horizonte.

En Suecia, que tiene una cultura alternativa muy importante, en el lado mainstream de los suecos la marihuana es muy mal vista. Tú le hablas de pitos a un sueco que no pertenezca a ese mundo y te mira con cara de como si le estuvieras hablando de Karadima.

¿Qué tipos de drogas te ha tocado conocer en tus viajes?

Más bien qué viajes me ha tocado conocer con qué drogas… (risas). Los alucinógenos son los que me interesan, la Ayahuasca, el San Pedro, los hongos, que son distintos. Nunca he tomado ningún estimulante.

¿Qué opinas de que gente que se dedica a realizar tratamientos con San Pedro o con hongos haya sido arrestada bajo la figura de tráfico de drogas?

Tan absurdo como todo, completamente alejado de la realidad. Me parece que si hay una legislación, que si hay unos huevones que se plantaron a escribir leyes al respecto, se nota que no tienen la más puta idea o no son aptos para hacerlo. Porque no se dieron cuenta de cómo es la cuestión o, lo que yo creo que pasó, es que amoldan una ley a propósito, completamente alejada de la realidad por otras motivaciones, fundados en otros pensamientos que van mucho más allá de las drogas; amparadas en el hecho de controlar la vida de la gente, qué se puede hacer y qué no se puede hacer, lo que está bien y lo que está mal.

En ese sentido, ¿cuáles crees que debieran ser los cambios en las políticas de drogas?

Creo que directamente la despenalización, para empezar la descriminalización, porque no puede ser que sea un delito juntarse a fumar un pito. Es tan ridículo como que fuera ilegal decirle a un amigo “oye, vamos a tomarnos una cerveza”.

¿Cuál crees que es el problema que generan las drogas en la sociedad? Generan problemas, como todas las cosas. Yo me declaro enemigo de las dependencias en lo que sea: puede ser una droga, una bebida, una idea, una mujer… todas esas dependencias finalmente te cagan.

¿Cómo podría regularse el consumo de otras drogas como la Ayahuasca, que mencionabas anteriormente?

Es que el consumo de la Ayahuasca se regula solo; conozco chamanes que han consumido Ayahuasca cuatro veces a la semana durante décadas y son antropólogos y escriben libros. Yo la tomé una vez y hasta el día de hoy no he necesitado hacerlo de nuevo, pero no siento que sea una droga, desde mi experiencia no tiene comparación con ninguna otra droga que conozca. Por ejemplo, el momento más intenso de un viaje con un alucinógeno como los hongos o con ácido, es recién el comienzo de la experiencia emocional y espiritual que significa un viaje con Ayahuasca, es una experiencia difícil de describir en palabras.

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