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Los hongos de mérida

Mercedes López
Edición 150
Mercedes López
Edición 150

Los hongos que crecen sobre las bostas de las vacas en las montañas de Mérida, estado venezolano de los andes tropicales, no sólo son conocidos por sus propiedades piscoactivas; sino que se insertan dentro del imaginario simbólico de la cultura campesina. Aunque están presentes en la religiosidad popular y la medicina tradicional; el tema ha estado silenciado en el espacio académico y legislativo. Hoy en día su sobrevivencia se encuentra amenazada por factores climáticos.

Como suelen crecer en la bosta, algunas personas tienen la falsa creencia que los hongos alucinógenos llegaron con los europeos, pues fueron los que trajeron las vacas a tierras americanas. Sin embargo, estos pueden crecer encima de las heces de otros animales, como la danta. Los aztecas los llamaban teonanacatl que significa carne divina de dios. En sitios arqueológicos en Guatemala se han encontrado esculturas con formas de hongos hechas de piedra, con más de 2200 años de antigüedad. Dentro de la poesía náhuatl se nombran como flores que intoxican. El nombre mazateco de este hongo es di-shi-tjo-le-rra-jalo, que quiere decir: "el hongo divino de la bosta".

En Suramérica, los referentes más antiguos del consumo de hongos, se encuentran en la Amazonía peruana, donde preparan una bebida embriagante de una especie de hongo que crece sobre la corteza de los árboles de gran peligro, por ser venenoso. En Colombia también se han encontrado, en oro, figuras de deidades antropomórficas que tienen sobre sus cabezas dos ornamentos con formas de hongos.

En fin, existen suficientes pruebas para confirmar que los hongos fueron incluidos dentro de ritos y ceremonias a largo de toda la américa prehispánica. Estas prácticas fueron repudiadas por las autoridades eclesiásticas europeas desde sus inicios, quienes las condenaron y las asociaron con lo demoníaco (prejuicio que se mantiene, hoy en día, en algunos sectores). Se emprendió tal persecución que no fue sino hasta inicios del siglo XX que antropólogos y botánicos hicieron los primeros estudios.

Se han identificado más de una docena de especies diferentes del género de Psilocybe. Las variedades dependen no solo de la localidad, sino del periodo del año. En las regiones tropicales se encuentra el Psilocybe cubensis, familia de las Strophariaceas. También es conocido como hongo de San Isidro.

Tiene un color blancuzco casi dorado y puede alcanzar hasta unos diez centímetros de altura. En un mismo lugar pueden encontrarse distintas especies, muchas de ellas no han sido ni siquiera catalogadas. Es muy difícil que los etnobotánicos se pongan de acuerdo en estos temas, porque inclusive, una misma especie, puede tener varios nombres, según la región. En general, podemos decir que el principio psicoactivo de estas especies es la psilocibina.

La ciudad de Mérida, capital del estado del mismo nombre, es la sede de la casa de estudios más antigua de Venezuela: La Universidad de los Andes. Es curioso ver que la Facultad de Botánica de esta institución no haya hecho ningún estudio, ni pronunciamiento con respecto al tema de los hongos, hasta ahora. Sin embargo, sí se ha abordado desde la antropología. Específicamente son muy valiosos los aportes de Jacqueline Claraq, quien ha publicado varios artículos y libros sobre las plantas alucinógenas dentro del sistema de creencias de las poblaciones rurales merideñas.

Tanto los hongos, como otras plantas de poder, son sagrados dentro de la religiosidad popular. Se relacionan con dos energías espirituales que denominan arco y arca. Estos pueden tomar forma de una enorme serpiente multicolor. La imagen de la doble serpiente enroscada se repite en diferentes culturas, y tiene similitud con la cadena de ADN. En este caso, se asocia con el agua en todas sus formas. Adquiere connotaciones negativas o positivas, según la situación en que se presente. Los hongos crecen cerca de lagunas ríos o quebradas, lugares considerados como morada de los dioses.

Además de propiedades psicoactivas, las plantas mágicas asociadas a estas energías, tienen la facultad de esconderse. Se cree que los hongos esconden secretos de la naturaleza y no todos pueden conocerlo. Muchos describen que pasan horas caminando, sin poder encontrarlos. Como le gusta la humedad, hay más probabilidades que aparezcan en la temporada de lluvia y mientras la luna está llena o creciente. El momento ideal para salir a buscar es un día soleado después de una noche de lluvia. Algunos creen que cuando se aparecen es porque se están ofreciendo, razón por la que deben consumir todos los que encuentran. Sin embargo, es recomendable dejar en el lugar para que sigan apareciendo.

Los hongos se reproducen por sus esporas. Son tan ligeras que pueden viajar por el aire kilómetros enteros. Por eso, es bueno, al encontrar uno, soplarlo para que sus esporas puedan esparcirse. También es aconsejable golpearlo suavemente en el tope para que suelte unas en el sitio. En vez de arrancarlos, es preferible, cortarlos y dejar la base.

Se debe tener cuidado de no confundirlos con los que crecen sobre el estiércol de caballo, pues causan indigestión. Por otro lado, no todos los hongos que crecen sobre las bostas de las vacas, son alucinógenos. Se sabe que tienen psilocibina, cuando por debajo se ven negros y de forma estriada. A veces tienen un arito en el tronco. Al cortarlo, o en las zonas donde se ha golpeado, se torna negro azulado.

Pueden consumirse de distintas maneras. En caso de comérselos, es recomendable no masticarlos para no tener problemas en los dientes. Preferiblemente se cortan en pedacitos pequeños y se tragan completos. Hay quienes les gustan mezclarlos con leche condensada. El dulce activa las propiedades psicoactivas de la pislocibina. Sin embargo, se puede tener una digestión pesada al comerlos. Por eso, otras personas, prefieren hacerlos en infusión. En este caso, se le puede agregar papelón (endulzante a base de la caña). Algunos recomiendan no comer carne antes, para no conectarse con estados de agresividad. En ningún caso, debe mezclarse con bebidas alcohólicas.

Los efectos suelen aparecer después de la media hora del consumo. Dependiendo de la dosis, pueden durar hasta 8 horas. Se dilatan las pupilas y aumenta la sensibilidad. Los colores aparecen de forma más nítida y brillante. En algunos casos, se llegan a tener ilusiones ópticas y visiones. Hay quienes describen que pueden observar el movimiento interno de las plantas, y percibir como todo respira. Los hongos invitan a una profunda conexión con la naturaleza. En este estado, los problemas individuales parecen intrascendentes. De hecho, se ha demostrado que el uso de psilocibina puede ayudar a superar traumas y estados depresivos.

Por otro lado, su consumo constante y en altas dosis puede causar distorsión de la realidad. Otros pueden describir que han tenido "malos viajes". Esto puede deberse al entorno. Cuando estamos bajo los efectos de la psilocibina estamos tan sensibles, que inclusive la luz eléctrica puede molestarnos. Por esto, es preferible consumirlos en espacios naturales, abiertos, con personas de confianza y el debido respeto.

Desde la década de los 70, los hongos de Mérida fueron consumidos por poetas, intelectuales, músicos, artesanos, teatreros como herramienta creativa. Se les tiende a identificar, por esto, con la bohemia y el movimiento hippie. Esta región de la cordillera andina se ha convertido en el asentamiento ideal para comunidades con propuestas alternativas de desarrollo. Tiene un suelo y clima ideal para el cultivo de múltiples rubros; además, su apacible paisaje, es un atractivo para quienes buscan tranquilidad, lejos de los espacios urbanos.

Sin embargo, no solo los que han escogido estos parajes como su domicilio, han experimentado con estos hongos mágicos. Su fama se extendió a lo largo de todo el territorio nacional, asociándose con la aparición de duendes y otros seres fantásticos. Por esta razón, era común, ver jóvenes citadinos, recorrer los potreros en su búsqueda. El lugar más visitado por lo turistas fue el valle de la culata; pero, realmente, crece en todas las zonas que estén cerca de los dos mil metros de altura.

Los campesinos tienen algunos prejuicios hacia los visitantes que los consumen con fines recreacionales o psicotrópicos, pues tradicionalmente se usa como medicina. Por ejemplo, en los pueblos del sur, se secan y pulverizan para curar enfermedades en la piel, para detener hemorragias y otras afecciones relacionadas con el arco.

Hoy en día, cada vez es más difícil encontrar hongos alucinógenos en las montañas de Mérida. Además de que se estén escondiendo, esto también puede deberse a otras causas como factores climáticos. Muchos terrenos que eran rurales se han ido urbanizando. Además, la tala y quema indiscriminada, cerca de las fuentes de agua, impiden la humedad necesaria para su aparición. Existen también posibilidades, que el ciclo natural de la espora, esté siendo afectado por el uso de agrotóxicos y el uso de alimentos concentrados para las vacas.

Una alternativa para evitar su desaparición, sería cultivarlos; pero, en este sentido, surge un problema: es ilegal. Aunque en la Ley Orgánica Contra el Tráfico Ilícito y el Consumo de Sustancias Estupefacientes y Psicotrópicas en Venezuela, no se habla directamente de los hongos, si se hace referencias a todas plantas y especies que alteren la percepción. Si bien, no se ha penalizado el consumo, si, el cultivo y el comercio. Por lo tanto, una persona que esté cultivando hongos con psilocibina en Mérida, podría ser penada por la ley. Sin embargo, pudiera autorizarse, en caso de tratarse de una investigación.

Sería lamentable la desaparición de esta especie, no solo por los beneficios físicos y psíquicos de esta planta de poder; también por constituir parte esencial dentro del imaginario andino rural y formar parte del acervo cultural de esta región.

Además, estos hongos nos recuerdan, que todo lo que está vivo es sagrado.