Drogas y videojuegos: una combinación interesante

Jorge González
Edición 142
Jorge González
Edición 142

El brillo de la luz de la luna ilumina un sórdido paisaje, con muros destruidos, piezas metálicas y muchos cuervos. Mientras intento arreglar un generador, uno de mis compañeros es perseguido por un asesino enmascarado que -con sierra en mano- deja al infortunado compañero en el suelo. Lo toma, lo lleva lejos y lo cuelga con un gancho que le atraviesa el hombro. La paranoia se mezcla con la euforia, mientras el corazón aumenta su ritmo, y yo confundo la fantasía con la realidad mientras me pregunto si me quedo escondido, o voy al rescate.


Consecuencias que no importan.

Dead by Daylight es el nombre del juego. Es un juego violento, diseñado para emular la atmósfera y el suspenso de una película de terror. Y lo logra. Yo lo jugué en LSD, y pude sentir miedo genuino, y una aceleración cardíaca digna de paro. La emoción de la experiencia me envolvía en esos momentos, y me encontraba a veces respirando acelerado, sudando o gritando. Ciertamente, algo para no olvidar. Y muchos menos cuando después de eso, prendí un faso, y no paré más de jugar.

Dícese que los videojuegos pueden ser una adicción, y se les ha llegado a comparar directamente con drogas y estupefacientes de primer gra

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