Chincolco reseco

Paulo Matus G.
Jorge Rosales
Edición 137
Paulo Matus G.
Jorge Rosales
Edición 137

En los valles precordilleranos de la provincia de Petorca y rodeado por ríos sin caudales, se encuentra Chincolco, localidad que está desapareciendo, junto a sus pequeños agricultores que, a duras penas, resisten a la escasez hídrica que afecta la zona. Para muchos es un reflejo del cambio climático global, pero la sequía también se explica por las enormes piscinas recolectoras de agua de las agroindustrias que acaparan para el cultivo de nogales, paltos y cítricos.

Por Paulo Matus González / Fotos y producción: Jorge Rosales

En las calles de Chincolco no es difícil encontrar fachadas de casas deshechas y agrietadas. Hay otras que están en completo abandono. Probablemente no son muchas, pero mientras avanzamos por la avenida Pedro Montt se repite el cuadro: puertas de maderas cerradas con cadenas que silencian la historia de los que no resistieron a la crisis hídrica de la zona y la presión empresarial que hay detrás del conflicto del agua que acá se vive.

Pero esto no es algo nuevo. El problema medioambiental en Petorca se visibilizó a nivel nacional el 2011 gracias a la creación del Movimiento de Defensa por el Acceso y la Protección del Medioambiente (MODATIMA) y por la acusación e investigación en contra de Edmundo Pérez Yoma por el robo y usurpación del agua; el empresario y titular del Ministerio de Interior en el primer gobierno de Michelle Bachelet.

Este año volvió a tener un peak mediático, producto de los monocultivos de paltos en Petorca que acapararon portadas y minutos en televisión.

"Hay que decir la verdad: no solamente hay monocultivos de paltos, también hay de cítricos y nogales" dice Marileo Avendaño, la estudiante de Agroecología en la Escola Latino Americana de Agroecología en Brasil (ELAA). Su voz es fuerte e intensa al momento de referirse al problema medioambiental en el valle de Chincolco. Ella no tiene dudas sobre el origen y la persistencia del problema y apunta al modelo extractivista de las agroindustrias y a sus empresarios.

"Ellos tiran etiqueta roja; el insecticida Lorsban que es nocivo para la salud y que persiste en la tierra y en el agua. Entonces, finalmente tenemos una industria instalada que roba agua, arroja agrotóxicos, precarizan al empleado, alejan al campesino, y matan la biodiversidad que está en los cerros", agrega.


Desaparece el campesino

En un momento de la ruta por Chincolco nos desviamos por el callejón Arturo Prat para llegar al hogar de Marileo Avendaño y Nicolás Quiroz. Ambos son miembros de la Agrupación Cultural, Ecológica y Medioambiental Hijos del Caren de Chincolco y del movimiento provincial Ciudadanos por la Recuperación del Agua (CRA). Ellos serán nuestros guías para ahondar en el conflicto del agua que está dañando sus valles y destruyendo el patrimonio cultural en la provincia.

Nicolás Quiroz, autóctono de la zona y docente de historia, nos explica una de las hebras en la lucha por la recuperación del agua como bien común.

"El gran problema en Chincolco es el robo, usurpación y acaparamiento del agua amparado por la Constitución de 1980, y por el Código de Aguas de 1981. Éste entrega derechos de aprovechamiento de agua a perpetuidad y gratuito a los empresarios. Como ciudadanos hay dos problemas que nos afectan: los derechos de aprovechamiento son generalmente de las aguas subterráneas por lo que las empresas colocan drenes ilegales. Tal como se descubrió el 2011 con el caso de Pérez Yoma. Pero la Dirección General de Agua (DGA) no da abasto para poder controlar todos los drenes que hay. Y cuando pillan uno pasan multas accesibles para el bolsillo empresarial. El otro problema es por los derechos de agua superficiales para las personas, derechos que manejan la Sociedad de Canalistas, donde los peces gordos acaparan grandes acciones, como Rodrigo Padro, que tiene unas grandes agrícolas, y debe tener unas 200 acciones de agua mientras que los pequeños campesinos tienen una, dos o 0,5. Entonces, qué ocurre acá en la provincia, está desapareciendo el campesino. O este campesino se está convirtiendo en temporero, asalariado de la agroindustria."

Desde 1983 hay 1236 acciones de agua en el valle de Chincolco. Cada acción representa un flujo de 20 minutos cada 15 días para regar cultivos. Un flujo que depende de los periodos de sequía y abundancia en una zona con escasez hídrica. Por lo que hay que imaginar que no hay ciclos de abundancia. Sobre todo porque las cuencas del río Petorca y el río Ligua se han declarado agotadas por culpa del acaparamiento y usurpación de recursos acuíferos necesarios para el regadío de un alimento como la palta, cuyas plantaciones requieren entre siete y 13 mil metros cúbicos por hectárea al año, de acuerdo a la investigación realizada por Thomas Fichet, director del Departamento de Producción Agrícola de la Facultad de Ciencias Agronómicas de la Universidad de Chile.

Una de las principales características de la Constitución de 1981 es que separa el dominio de la tierra del derecho del agua; derecho traducido en acciones y estas acciones de agua se comercializan. Entonces, por ejemplo, hay campesinos que tienen tierras, pero no tienen agua, y al revés. Lo que ha generado el fomento de un negocio; "el mercado por las aguas" como dice Marileo. Y en el valle de Chincolco esa transa es cara: cada acción de agua cuesta 7 millones de pesos.

Marileo Avendaño vuelve a tomar el tema de los drenes subterráneos atacando el hecho de que las agroindustrias continúan usurpando el agua del caudal del río. De hecho, en nuestra ruta hacia Chincolco llamó la atención que el río que nos acompañó a un costado del camino desapareciera como si nada, de un instante a otro.

Lo medios de comunicación han insistido en la tesis que apunta al periodo de sequía por el que atraviesa la provincia hace 8 años. Nicolás Quiroz interviene brevemente en la discusión para cuestionar ese fenómeno: "mi abuelo contaba que en esta zona había períodos de poca lluvia, pero que siempre bajaba agua por el río. Eso no faltaba nunca".

Marileo continúa.

"Los ríos fueron intervenidos perpendicularmente por drenes subterráneos y no se ha cerrado ninguno, a vista y paciencia de cada uno. De hecho, vemos cómo el curso del agua avanza en el río Petorca y luego se esfuma. Entonces eso no es magia, eso es porque existen tuberías subterráneas que captan esa agua, las llevan al cerro a tierra no apta para el cultivo, tierra de secano, y cultivan paltas, que es una especie tropical o subtropical que no es propia de este bioma y que, por los recursos acuíferos que requiere, no debería estar acá en esa cantidad.


El río no suena...

La cultura de Chincolco desaparece junto a las antiguas actividades que en algún momento se realizaron a las orillas del río Petorca y el río Ligua. Antes de que la agroindustria arrasara con el ecosistema y la biodiversidad biológica, las comunas del valle precordillerano trabajaban la vida campesina y pirquinera de una manera más sustentable de la que existe hoy. Pero el río se agotó y trajo el silencio a toda una comunidad.

Conducimos algunos kilómetros a un cruce de vehículos donde debería bajar el río, aunque no hay una gota de agua o alguna señal de que por ahí recorría el caudal. Honestamente no hay nada. Es sólo silencio. Ni siquiera se oyen ráfagas de viento. El ambiente es un desierto con la excepción de ciertos oasis de paltos que se ven a lo lejos en los cerros. Nos detenemos a conversar con ambos pobladores sobre la lucha que mantienen junto a diferentes movimientos provinciales para rescatar parte de la memoria que se está perdiendo.

El año 2016 un sistema frontal afectó la provincia y trajo las primeras lluvias en la zona luego de 19 años se sequía. De acuerdo al diario La Estrella de Quillota, en aquella oportunidad cayeron entre 60 y 80 milímetros de agua. Esto provocó que el agua reviviera el caudal de los ríos Petorca y Ligua que, en 1997 y 2004, fueron declarados agotados por la DGA.

"Fue una cuestión importante para la memoria, sobre todo de los niños. Aquellas nuevas generaciones que no conocían el lecho del río. Fue algo emocionante, venía pasando el río y la gente emocionada. Espontáneamente, lo primero que hicieron los vecinos que bajaron al río fue cantar el himno nacional. Se sintieron como una comunidad", cuenta Nicolás al referirse al fenómeno que quedó grabado en la memoria colectiva de la Provincia. De hecho, las grabaciones que se encuentran en Youtube muestran a gente transitando por los puentes en altura que por años no se utilizaban, pero que servían para recordar las huellas del pasado.

Luego de una pausa, Nicolás reflexiona a partir del hecho que marcó un hito actual para la comunidad y su cultura. Aquella que no se quiere olvidar.

"Los empresarios traen la muerte al valle. Una política que se ha desarrollado en Chile a partir de los años 90. Pero debe cambiar, se debe trabajar a favor de la cultura familiar campesina, a favor de los pueblos, a favor de los ríos. Porque el agua no es solamente para nuestro consumo, sino que para todo el ecosistema. En mi infancia yo bajaba al río a bañarme o a pescar pejerreyes. Pero ahora no puedo realizar lo mismo con mi hijo, por ejemplo. Esta pelea es por la memoria, para el río y los pueblos".


La alternativa agroecológica

Ya comienza a atardecer y ahora aparecen ventiscas intermitentes que interrumpen el silencio del valle. Los colores amarillentos de los últimos rayos de sol se confunden con las fachadas descoloridas que vimos al llegar a Chincolco.

Hace poco se anunció que la provincia es parte de la prioridad en la agenda actual de gobierno. Es así como el lunes 20 de agosto, se presentó el "Plan Hídrico" para detener una década de crisis de sequías. Según informó el Subsecretario de Obras Públicas, Lucas Palacio, el programa contempla un cronograma de cuatro años con 28 medidas divididas en tres ejes: gestión, fiscalización y la inversión de 15.600 millones para el sistema de agua potable rural que pretende reducir el uso y abastecimiento de camiones aljibes que hoy son subvencionados por el estado.

No obstante, el documento del proyecto se realizó por una mesa de trabajo público-privada, compuesta por la gobernadora de Petorca, María Santelices, el Subsecretario de Obras Públicas y dos empresarios de AgroPetorca, la asociación gremial que agrupa a grandes y medianos productores agrícolas. En la cual, desde luego, se encuentran miembros de los grandes exportadores de paltas.

Incluso, Alfonso Ríos, presidente de AgroPetorca y miembro de la mesa de trabajo del "Plan Hídrico", este año se defendió en Emol de las acusaciones sobre la sobreproducción de paltas que -incluso- llamó la atención internacional y aseguró que para él no existe una escasez hídrica en la zona. Además especificó que "hay agua suficiente en la región para abastecer todas las necesidades sanitarias en la provincia".

Sin embargo y pese a los dichos de Ríos, el lecho del río esta seco y frente a ese escenario Marileo Avendaño y Nicolás Quiroz hablan sobre la alternativa de la agroecología y la agrocultura campesina. Lo que no se remite a una alternativa productiva, sino a un cambio en el modo de producción alejado del modelo extractivista.

"Crear una nueva relación de trabajo con la comunidad y la naturaleza. Se tiene pruebas de que el modelo actual no es sustentable en el tiempo. No necesitamos más argumentos", dice Marileo.

Por aquello van a inaugurar una escuela agroecológica, en conjunto con el Consejo Nacional de Productores de Chile (CONAPROCH) para pertenecer a una red de escuelas a nivel nacional. De esta manera, ambos pobladores desean plantar la idea en la comunidad de un desarrollo popular a través de una alternativa de producción sustentable.

"Es un desafío" dice Nicolás, quien se da un respiro y continúa, "porque uno sabe lo que le sucede a otras personas del movimiento: amenazas de muerte a dirigentes y acusaciones judiciales. Sabemos que no es lo mismo que te detenga un paco a que te detenga un capataz de una agrícola. La propiedad privada es peligrosa, ve por ejemplo lo que sucede con el pueblo mapuche; con Santiago Maldonado, Matías Catrileo o a Macarena Valdés".