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Galletitas medicinales en el bosque

Claudia Latorre
Marcelo Escobar
Edición 148
Claudia Latorre
Marcelo Escobar
Edición 148

Estábamos solos, completamente solos en medio de la oscuridad del bosque, nadie habitaba cerca y el pueblo estaba ubicado a más de 80 km de la casa de mis abuelos.

Desde el cielo aparecieron las nubes negras, que lentamente tomaron distintos colores, me sentía en un estado de ácido absoluto: había matices rojos, violetas, amarillos, azules ¡y tonalidades que jamás hubiera visto ni imaginado! Por un minuto pensé que me habían drogado.

Comenzó a llover, nos encerramos con llave mientras que mi abuela insistía en encender la leña "para que el frío no nos mate, y la lluvia no nos moje" decía con su voz temblorosa. Las venas de sus manos parecían salirse de ella, como queriendo escapar de su cuerpo estropeado y frágil.

La maldad estaba afuera, siempre lo supimos, pero nadie lo expresó en la oralidad, las ramas de los arboles tomaban formas demoniacas que era imposible no verlas en la oscuridad del infinito. Parecía un mal viaje, pero todo era real.

Mi abuelo cerró con violencia las cortinas y me pidió que me alejara de ahí, entonces fui hasta donde mi abuela que se distinguía entre las sombras, cansada y adolorida, la ayudé a sentarse y yo continué con su trabajo de encender el

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