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Cabinas de humo y “Danzal” identidad cultural y expresión social

Proveniente de la terminología dance halls, en español: salón de baile, este estilo musical jamaiquino de finales de los años setenta, se ha hecho cada vez más popular a nivel nacional e internacional. Caracterizado por sus movimientos rápidos y habilidosos, el Dancehall es una cultura presente en distintos espacios de arte popular, donde chilenos, chilenas y migrantes se reúnen a bailar, compartir, integrar y fumar la ganja.

Por Arak Herrera G.

No son como cualquier lugar para ir a carretear, o como cualquier discoteque del patio Bellavista. La música, los pasos de baile y las personas hacen de estos espacios, zonas de escape al común de la sociedad.

En Santiago son dos los lugares que destacan en este tipo de fiestas: Jammin y La Isla, recintos únicos en su ambiente caracterizado por la alta presencia de migrantes, integración, piel, alegría y color. La marihuana es un componente más en el danzal (Dancehall).

“El Dancehall es una expresión social. El Dancehall tiene distintos componentes: bailarines, cantantes, productores, Dj’s, vendedores. Definirlo en un sola palabra es difícil, porque cada persona puede definirlo de una manera distinta”, explica Nazjah, animador de La Isla y uno de los máximos conocedores de este arte.

Nazjah o Ras Franco es padre y vive en Viña del Mar. Se dedica a la música y a fabricar y comercializar aceites de cannabis y ricino, este último lo conoció por una anciana Rastafari de 80 años.

Desde niño no le gusto seguir los cánones de la sociedad. Nazjah partió escuchando rock, pero del protestante; del que tenia contenido. Después le aburrió y tuvo un cambio en sus gustos. Ahora sentía atracción por la cumbia. Vivía en ‘la pobla’. Sin embargo, su salto definitivo fue con el reggae. Fue allí cuando descubrió el rastafarismo.

El término Rastafari viene del nombre del último emperador de Etiopia, Tafari Makonnen, que cuando tenía 14 años fue nombrado regente de una provincia donde recibió el título de Ras. Fue así que los rastas se apropiaron de la palabra al verse representados por este rey, que fue el primero en coronarse junto a su mujer abogando a la igualdad entre hombres y mujeres y el número uno en llamar a la igualdad.

Fue así que comenzó el movimiento Rastafari. En una isla de gente esclava y oprimida. “Nace en respuesta a la opresión de la colonización inglesa en la isla jamaicana. Jamaica era una colonia inglesa hasta 1962”, donde recién logró cierta independencia, afirma Ras Franco.

En el pleno auge del Reggae, la isla de Jamaica vivía una disputa política. Tanto los partidos de derecha como de izquierda, abastecieron de armamento a la población y se abrió un nuevo mercado económico que agudizaba aún más la crisis civil: las drogas duras y alcoholes diferentes al ron.

“Esto hizo que el pulso de la gente se acelerara y la tensión social creciera. Por ende, las expresiones artísticas también se aceleraron. El reggae no encajaba mucho con lo que estaba ocurriendo en la sociedad. La sociedad estaba escuchando algo un poco más apurado en su pulso, con otras temáticas en sus letras, con otras vestimentas. Ahí fue la transición del Reggae al Dancehall”, asevera Nazjah.

“La lectura del gueto”

Uno de los fenómenos que explicaría la expansión del Dancehall a nivel mundial es la globalización. Para Franco la llegada del internet en los 90′ y la apertura de los puertos entre Jamaica y Estados Unidos son los principales factores que influyeron en esparcimiento. Además del vínculo con Europa por factores históricos con los jamaiquinos residentes en Inglaterra.

Sergio, más conocido como Revoll, conoció el Dancehall aproximadamente a los 14 años. Actualmente, trabaja como encargado de bodega de la Municipalidad de Recoleta, pese a verse titulado como relacionador público. Su otro mundo y el que le apasiona es el del Dancehall. Forma parte de los King Kong y es uno de los bailarines más reconocidos por transmitir la cultura del Dancehall. Hace clases en el Centro Gabriela Mistral (Gam).

“Vida, el Dancehall es vida, fiesta, inclusión, alegría. Es todo”, sostiene Revoll mientras se mueve con un blunt en su mano derecha. Se detiene y explica: “Hay un personaje fundamental en la historia del Dancehall que se llama Yellowman. Él era una persona albina entre negros, entre jamaiquinos. Nacido en el gueto. El loco fue siempre discriminado por eso, pero empezó a cantar en los sound sistems Dancehall. Esto es Dancehall, él es el king, el rey del Dancehall”, señala Revoll.

Holanda Olivos, conocida en el mundo de la danza como Holanda B-Fly, nombre que se atribuyó por su amor a las mariposas, a la libertad y andar volada, es una de las exponentes más importantes de Dancehall en Chile.

Casi en paralelo a su primer fumada de cogollo, Holanda iba en tercero medio cuando decidió dejar el colegio. Llego con todos sus papeles donde sus padres y empezó a estudiar danza en Valero.

Estando allí, ingresó a una compañía de baile urbano y conoció a las que ahora considera sus hermanas, Sole y Juana, con la que formó su grupo de baile en sus carretes en Jammin’ Club, las Dansistas. Estudiando en Valero, nadie les tenía fe. Eran las raperas volás.

“El Dancehall es la lectura del gueto. Nace de la evolución de Jamaica”, explica Holanda, quien se acercó a este baile por el reggae y la dificultad que tiene. “Técnicamente es difícil. Los jamaiquinos tienen una estructura corporal distinta”, precisa la bailarina que ha participado en distintos espacios de relevancia nacional, como el Festival de Viña del Mar.

El día no se detiene para Holanda. Fuma todo el día, es mamá y trabaja sin parar. Vive completamente del Dancehall. Los miércoles realiza uno de sus cursos en Vigo, Ñuñoa, junto a su amiga Ema.

“Para mí es una salvación. Una vía de escape sana para cualquier cosa que pase”, reflexiona Ema, quien tras golpearse su cabeza en un accidente, perdió la memoria durante cinco años.

Ema tuvo que aprender todo de nuevo, el baile no fue una excepción. No obstante, sus cualidades corporales jamás se perdieron. Luego de este episodio, la compañera de Holanda viajó a Jamaica en 2017. Allá se vive Dancehall, explica. Es un ritmo popular, como el Reggeaton en Chile, no tan bien visto por un sector en la isla.

De la isla a Chile

El Dancehall llegó al territorio nacional a finales de los años noventa, comienzos de los 2000. Najza y Holanda recuerdan que fue Dj Patua quien introdujo las primeras canciones en las fiestas. La cuna fue Jammin’ Club, ubicado en el concurrido Barrio Bellavista.

Patricio Iglesias conocido como Dj Patua lleva 24 años en este oficio. Partió como Dj de rap, después conoció el Reggae y después el Dancehall.

“Los primeros temas empezaron a sonar en el Jammin”, que se creó en 1998, en un comienzo sólo se mezclaba Reggae. Él fue uno de los primeros dj en poner canciones de Dancehall, un año después de la apertura de este espacio.

“Era raro para la gente. No sabían cómo bailar, encontraban raro el ritmo”, explica Patua, quien luego de 10 años se fue como encargado del local Jamaica en Recoleta para finalmente emigrar a Jamrock, actualmente La Isla, nombre que lleva el lugar hace aproximadamente tres años.

En el caso del baile, la inminencia que motivó a los bailarines a nivel mundial en Dancehall fue Gerald Levy. Quienes lo vieron primero en Chile fueron las Santitas Killa, entre otras. De allí, pasó un largo tiempo y se fueron a especializar a Jamaica.

Espacios de inclusión y empoderamiento

Tanie tiene 25 años y estudia arquitectura en la Universidad Católica. Hizo su pregrado en Francia, estuvo durante un año de intercambio en Portugal y está cursando su magister en Chile.

La mujer de nacionalidad haitiana llegó a Chile en marzo de este año. Fue aproximadamente en abril cuando de regreso de la universidad a su casa vio a un grupo de bailarines en Parque Bustamante. Ahí estaba Revoll. Desde allí entrena junto a él. Baila Dancehall hace seis años.

“El Dancehall es una cultura que no se limita a un baile. Es una cultura que llama a la gente a disfrutar y compartir. En cualquier lugar donde hay Dancehall la gente está junta. Es un buen medio de integración. En la u yo no puedo decir que no tengo amigos, tampoco sufro de racismo. Pero en el baile, en el Dancehall estoy compartiendo más cosas. Son dos mundo paralelos “, explica Tanie.

En Chile son pocos los jamaiquinos. No hay embajada. Ir a lugares como Jammin y La Isla es para ellos, según Nazjah, sacarse la piel y disfrutar las almas. Da lo mismo si alguien es negro, colorín o blanco.

“Se sienten cómodos, no discriminados, libres. Hoy en día los migrantes sufren una persecución, discriminación, opresión constante de la sociedad chilena. Entonces todas estas cosas los hacen buscar un escape, una forma de olvidarse del patrón que los explota toda la semana, de la gente que los insulta porque van en el metro sentados, del no poder comunicarse de forma fluida”, sostiene Ras Franco.

“Están en su vaina. Es de ellos. Nosotros por así decirlo lo que estamos haciendo es una apropiación cultural y sería súper cara de raja si alguien va al Jammin y se molesta, porque hay alguien de color. Que se vaya él”, asevera Revoll.

Para Holanda B-Fly enseñar Dancehall es transmitir cultura, no sólo en términos de inclusión con los migrantes, sino que también de empoderamiento. Muchas son las críticas que se le han realizado a esta disciplina por algunos de sus pasos más violentos. Sin embargo, la bailarina va más allá y no cree que el Dancehall sea un baile machista. “Cuando quieres vienes y cuando no, no. La mujer manda”, asegura. Además, precisa, “tú bailas Dancehall y con el físico que tengas te sientes rico”.

En general, para Nazja estos lugares deben ser descritos como centros de expresión social: “Los cabros acá van a expresar lo que ellos sienten. Yo veo gente bailando con rabia, otros súper suaves, otra tomando, gritando cuando escuchan un tema que les gusta. El pololo con la polola en su rincón. Es el lugar donde van a sentirse ellos mismos; donde nadie los mira extraño porque están bailando una canción de otro lugar, ajena a la cultura chilena. El chileno tiene muy metido eso del nacionalismo”, sentencia el rastafari.

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