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Diciembre 10, 2019

Este texto es la presentación
del especial de la revista Cáñamo “Sexo y Drogas”.

Placer. Palabra tantas veces perseguida por obscena, lujuriosa, pecaminosa, y aunque esas visiones medievales están (casi) extintas, hasta el día de hoy resuenan ecos de esos tiempos que aún nos hacen asociarla de manera peyorativa a lo fugaz, hedonista (¿tendrá algo de malo eso?), a veces individual, otras individualista, un tanto superfluo. Como si fuera el hermano chico de la felicidad, esa que se dibuja en nuestra cultura como un estadio más durable en el tiempo, más profundo, más completo, más noble incluso.

Cuando lo cierto es que el placer es la condición sine qua non de la felicidad, su esencia. Quizás pueda haber placer sin “felicidad”, entendida como ese estado seudopermanente o estable de equilibrado bienestar, pero, definitivamente, no hay felicidad sin placer, aun en su acepción más conservadora. El placer es a la felicidad lo que el THC a la cannabis, el orgasmo al sexo, el agua a la sed. El placer es medio y fin a la vez. Alpha y Omega.

Tal vez por esto, por negar este principio, es que la felicidad se vuelve una quimera esquiva; porque nos mareamos esperando que esos estados de plenitud a los que a veces accedemos, a través del sexo, con sustancias, con un libro, haciendo nada, diciendo “te quiero”, por el puro goce de sentirlo y expresarlo; además les exigimos a esos momentos, a esos espacios, una buena dosis de “eternidad”, y claro, ante tamaña expectativa, cualquier placer se vuelve precario.

Como con todas las cosas importantes de la vida, aquí tampoco hay recetas, y hay tantas formas de experimentar el placer y aproximarse a la felicidad como personas en el mundo.

Hablar de sexo y drogas es revisar el derrotero que como humanidad hemos construido en torno a una práctica habitual, intrínseca a nosotros y que, entre otras cosas, nos ha permitido preservar nuestra especie hasta el día de hoy.

Somos la expresión de la sexualidad de nuestros antepasados y seremos los constructores de las sexualidades venideras, incluso a pesar de nosotros mismos. Eso no lo podemos negar ni menos evitar. Pero esto no es “evolución natural”, “siempre hacia adelante”. Al contrario, es disrupción, puntos de inflexión, quiebre, avanzar un paso y retroceder dos (y viceversa).

En este especial quisimos meternos entre las sábanas de la historia y conocer el sexo en sus más variadas formas, pero honrando nuestra tradición, considerando el factor “drogas” en esta fórmula. Como se verá, no fue algo forzado. Obviamente hay sexo sin consumo de drogas y hay consumos sin sexo, pero los links entre ambos van más allá de que se den juntos.

Sexo y drogas comparten verbos, acciones, momentos, sensaciones y sentimientos: el temor a lo diferente, lo prohibitivo, el placer, el deseo, la exploración. Un lugar (es una forma de decirlo) donde se mezclan al punto de llegar a ser difícil, a veces, reconocer dónde empieza uno o lo otro, ¡y qué decir de los finales!

El cuerpo no es solo el contenedor de este binomio. Se transforma a la vez, creando nuevas corporalidades y sexualidades y, como veremos, también identidades.

Es por esta razón que este especial “Sexo y Drogas” comienza haciendo un recorrido por aquellas sustancias que les han permitido a los humanos despojarse de pudores y abrir las fronteras de los cuerpos en búsqueda de “eso” que solo el sexo nos da. Pero como se verá, no se trata simplemente de “afrodisíacos” que “potencian” de algún modo la experiencia sexual. La cosa es más de ida y vuelta de lo que se supone.

También nos sumergimos en las diferentes culturas para entregarles a nuestros lectores una mirada historiográfica de cómo el sexo y las drogas están siempre vinculados, ya sea en forma de polvo de cantáridas para derrumbar inhibiciones o como el Popper, que revoluciona las fiestas y el sentido del sexo en la actualidad.

Para nosotros hubiese sido fácil tomar el camino de la heteronorma y plantear este especial en términos del “duopolio” sexual: mujer/hombre. Sin embargo, la apuesta para esta edición era abrir nuestras propias fronteras mentales y sensoriales, y dejar que el sexo y las drogas nos hablaran.

Para abrazar lo “desconocido” (desconodido para la mayoría normativa), decidimos pedir ayuda y sumergirnos en aquello que se conoce como chemsex, una práctica-identidad-tendencia-moda, y todo junto, donde las drogas y las sexualidades despojan de pudores y límites. Y para hacerlo convocamos, a través de la invaluable ayuda del académico, psicólogo y doctor en Antropología, Mauricio Sepúlveda, quien con  un conjunto de personalidades conocedores de estos nuevos (¿?) rincones donde todo parece estar desplazado e ir más allá.

Descarga el especial Chemsex acá