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Julio 9, 2019

Muchos son los consumidores de marihuana en el mundo que eligen pasar sus vacaciones en destinos en los que el uso del cannabis es legal. La mayoría de las legislaciones, eso sí, limita esta legalidad a los residentes del lugar, por lo que los turistas extranjeros deben arreglárselas para optar a su acceso.

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Pero, obviando este impedimento, las visitas a clubes cannábicos, farmacias, cultivos colectivos, son cada vez más parte de una realidad a la que la industria del cannabis se adecúa y saca provecho poco a poco. En el caso holandés, por ejemplo, los coffee shop se aglomeran de turistas en busca de las más variadas clases de marihuana, representando un alto porcentaje de ingresos dentro del mercado.

Quienes viajan a Jamaica, tienen la posibilidad de conocer una cultura cannábica muy ligada a los habitantes de la isla. La religión Rastafari disfruta en aquel país del reconocimiento suficiente como para poder cultivar, portar y consumir marihuana, en cantidades establecidas, por motivos religiosos.

En Uruguay, país pionero en legalizar el cannabis en todas sus formas, no están interesados, como Estado, en desarrollar el turismo cannábicos. El argumento es que en ese país no se fomenta el consumo de drogas. A pesar de eso, desde la Oficina en Washington para Latinoamérica, WOLA, sugieren abrir el mercado al turismo, para combatir el mercado negro existente ante la prohibición de acceso a turistas extranjeros.

En el caso de Estados Unidos, al no estar legalizada federalmente, quien visita el país norteamericano con fines cannábicos, debe saber que son 33 los estados que han regulado el cannabis medicinal, y diez de ellos, incluyendo la capital Washington DC, tienen legalizada la marihuana para usos recreativos. Acceder como turista, en California, a marihuana recreativa, es más simple y por eso, una gran oportunidad para el turismo cannábico, incluso con estrellas del espectáculo gringo.

El caso canadiense

El primer país del G20 en legalizar la marihuana, con políticas que apuntan a la regulación y educación respecto del consumo de esta planta, Canadá, también está a la vanguardia de las alternativas que ofrece una industria con tanto potencial como esta.

En el frío país del norte de América, ya existen agencias de turismo especializadas en ofrecer tours de lujo sobre la marihuana. Turistas acaudalados y que les gusta la exclusividad, pueden optar a pasar una estancia en las más profundas montañas canadienses, acompañados de un guía, fumando caños y utilizando otros productos como aceites en masajes, o comiendo productos mágicos.

Hay que entender que estos servicios cuentan con precios elevados, debido a que se dirigen a un público objetivo ostentoso y adinerado que buscan tours privados en los que el cannabis sea la parte esencial de los itinerarios disponibles en los paquetes turísticos.

¿Y en Chile?

Mientras no sea legal la producción y consumo de cannabis, realizar turismo cannábico se vuelve extremadamente complicado dada la legislación. Sin embargo, el potencial que existe en Chile es grande. En la región es el país que presenta los más altos índices de consumo y el resto de la industria ya se ha posicionado como una de las más emergentes del continente.

No es de extrañar que con la vasta tradición de país cañamero, el creciente nivel de cultivos personales y colectivos de marihuana y los avances en materia de industria innovadora, en el país se puedan replicar ciertos modelos que fomenten el turismo cannábico. Sin dudas, una variante de la enorme gama de agentes económicos activos al alcance de un cultivo.

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