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Mayo 2, 2019

Desde la germinación de las semillas hasta que probamos las flores ya secas y curadas, el autocultivo se compone de distintas etapas, cada una de vital importancia para obtener los mejores resultados y que la cosecha sea la esperada.

A menudo sucede que, luego de un cultivo controlado, en el que se miden las condiciones de este a través de distintos elementos, al momento de fumar los cogollos, el sabor de estos es bastante distintivo y desagradable y hasta genera una picazón en la garganta que puede terminar en ataques incontrolables de tos.

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Esta sensación tiene su origen, muchas veces, en un paso que algunos pasan por alto a la hora de cultivar; el correcto lavado de raíces de las plantas que han sido alimentadas durante su ciclo vital por variadas proporciones de nutrientes, ya sean minerales u orgánicos.

¿Qué es un lavado de raíces?

El sustrato en el que plantamos nuestras semillas o esquejes de marihuana, recibe constantemente, a través de nuestros riegos, distintos elementos que definirán la alimentación de la planta en cualquiera de sus etapas. Desde el enraizante en el incicio de su ciclo de vida hasta los potenciadores de floración del final del cultivo.

Estos nutrientes se acumulan como sales en el medio en el cual está plantada la marihuana, además, se aglomeran residuos en el sustrato. A medida que avanza el tiempo y se fertiliza en los riegos, esta acumulación puede llegar al punto de ser perjudicial para la calidad de los cogollos.

Cuando ocurre este exceso de residuos y sales minerales, puede transformarse en una sobrefertilización de la planta, la que se manifiesta en el color y textura de las hojas esta, las que comienzan a marchitarse y secarse. Esa es una señal de que es conveniente utilizar la técnica del lavado de raíces.

Este proceso consiste en regar el sustrato con agua, cuyo PH idealmente debe estar regulado, en cantidades mayores que un riego normal, para que el agua drene y arrastre hasta fuera de la maceta los excesos de nutrientes y así permitir a las raíces absorber los que mantiene reservados en sus propias hojas.

En el fondo es una manera de estimular, sobretodo en la fase final de floración, la alimentación de la planta de una forma sana, sin que los excesos de nutrientes acumulados impidan que la planta termine su desarrollo normal.

Antes de cortar, lavar

Además de cuando aparecen señales de sobre fertilización, el lavado de raíces debe hacerse al final de la etapa de floración de manera gradual. Es fundamental que antes de cortar los cogollos a los que hemos dedicado muchas semanas de trabajo, se deje de fertilizar las últimas dos semanas de floración, al menos.

Los últimos riegos deben ser solo con agua, de manera de contribuir al lavado de raíces de forma menos invasiva para la planta. Si, además, durante el cultivo se regó intercaladamente con nutrientes y sin ellos, la tarea ya está algo adelantada, ya que será más rápido y sencillo el lavado.

Ya al final, el último riego debe realizarse con abundante agua, para ello existen técnicas como dejar correr mangueras de agua de forma abundante en el sustrato fijándose que el agua drenada que al principio saldrá en tonos marrones u oscuros, empiece a aclarar, lo que será una señal de que los residuos y sales minerales presentes en el sustrato ya se están eliminando.

A disfrutar la cosecha

Siguiendo los pasos esenciales para el lavado de raíces, los resultados de la cosecha deberían ser notoriamente superiores a si el cuerpo radicular del cannabis no se hubiese lavado. No debería picar la garganta y se deberían mantener los sabores y aromas que emanan los terpenos de la planta elegida.

Sin dudas, un paso básico para mantener estándares de alta calidad en la producción del cannabis es realizar los lavados de raíces a tiempo y en su justa medida. La práctica te hará dominar esta técnica fundamental para los cultivadores.


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