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Febrero 6, 2019

Por Carlos Matínez Ramirez / Fotos Ronny Belmar / Maquillaje: Francisca Mellado

Después de la sesión de fotos en el UnderPark, avanzamos un par de cuadras hasta el Café Mediterráneo: elegimos el mejor lugar para escucharnos y nos sentamos a conversar. Estamos en Ñuñoa profundo, donde el barrio se puede dar el lujo de tener en menos de una manzana un skate park techado y una cafetería. Nos pedimos algo para tomar y nos acomodamos para la entrevista. Cada uno mira su celular y cuando levantamos la cabeza asentimos al mismo tiempo, como si nos diéramos el vamos.

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Jani Dueñas (42) ha dedicado gran parte de su vida a comunicar. Tal vez cuando chica a eso le decían payasear, pero desde siempre hubo una vocación por transmitir un discurso. Uno podría resumir que lo hizo desde las fiestas familiares, hasta hoy en que está presentando su nuevo show de stand up en el teatro San Ginés, donde se presentará de nuevo este 29 de noviembre.

“A mí me tocó llegar en una bonanza de la familia, y eso implicó que en mí desarrollara cosas buenas y cosas malas. Cosas buenas como una personalidad superfuerte y decidida. Desde chica haciendo shows. Sin pudor de nada, no le pedía permiso a nadie para hacer ninguna cosa.” Nos dice Jani, que al mismo tiempo deja en claro que el lado malo de esta contención familiar fue vivir por mucho tiempo en una burbuja.

“A mí me tocó duro cuando ya me hice adulta, como cuando me fui de la casa de mis papás, a los 30, incluso a los 40, vivir sola, armarte sola, sin que tu papito te esté cuidando y dando todo, y como aprender a valerte sola por ti misma en el mundo, igual me costó. Yo he tenido una madurez supertardía, la verdad. He sido bien adolescente, hasta ayer.”

Y en ese ambiente familiar, la figura de su padre, premio nacional de periodismo y destacado comunicador radial se resignifica ahora que Jani Dueñas es también una voz reconocida, tanto por sus programas de radio como por su locución en programas de televisión y su inconfundible personaje Patana en 31 Minutos.

“Fui testigo de la carrera de mi papá en un momento superbueno. Cuando estuvo en el mundial del 82, en Canal 13, estrella de Radio Minería. Yo lo acompañaba al estadio, la radio, pero en ese minuto no tenía ninguna consciencia de que eso era algo similar a lo que yo me iba a terminar dedicando. Yo siempre a mi papá lo admiré por su ética laboral y por su nivel de pasión en todas las hueás que hacía. Creo que también era un hombre muy afortunado, y ahora también yo lo veo desde mi feminismo, de tener la posibilidad de hacer dos pegas, de hacer todo eso, de no estar casi nunca en la casa pero ser un papá presente. Porque mi mamá también le permitió esa hueá. Porque con cinco hijos no estaba fácil. Yo no te podría decir que por tiempo mi papá estaba mucho en la casa, pero cuando estaba, por Dios, que estaba.”

Esa presencia paterna, pronto sintió dudas por el camino profesional que Jani estaba tomando. La carrera de arte y luego la de la actuación, no eran profesiones tradicionales que su padre mirara con buenos ojos.

“En el minuto en que yo me empecé a dedicar a esto, a él no le gustaba mucho. Estudié arte primero, y después actuación. Que para él eran lo mismo: sinónimo de vay a ser pobre. La Janita va a terminar viviendo debajo de un puente, qué vamos a hacer con ella… siempre tuve el estigma. Mis hermanos con carreras tradicionales, y yo como la hueona perdida. Y me demoré mucho en encontrar mi vocación. Y él (su padre) tuvo mucha paciencia conmigo, pero también una sobreprotección muy grande y eso era algo que me angustiaba, que él no sabía qué iba a ser de mí. Como… es talentosa, es inteligente, pero ¿estará desperdiciando su futuro? Él hubiera sido feliz con que yo hubiera sido periodista, o abogado, una carrera más convencional.”

Pero su condición de conchito, la más pequeña de la familia, que de alguna forma la transformaba en hija única, le permitió tener más espacio para tomar sus decisiones vocacionales.

“Tuve la suerte, nuevamente por ser la última de cinco hermanos, que tambián pavimentaron mi camino, de que me dejaran hacer lo que yo quería, y de tratar de demostrarles a mis viejos quién era yo y que me la compraran. Y no me salió fácil, digamos, me demoré unos años en eso. Estudié actuación y cuando me fueron a ver actuar, ellos dijeron, ah, esta cabra le pega a esta cuestión, no estábamos tan equivocados. Y ya en tercer año, yo estaba haciendo clases, estaba haciendo ayudantías, asistencia de dirección, me puse a actuar al toque. Entonces vieron que esto no era un desperdicio de tiempo, de energía y de dinero, sino que esta niñita tenía un futuro. Igual seguí siendo como una excéntrica. Yo creo que en algún lugar de sus fantasías igual existía la idea de que yo me casara con un gallo que me mantuviera un poco, que tuviera hijos; que hiciera mis “cositas” en el tiempo libre. Pero no que me dedicara en serio a esto. Y una de las grandes satisfacciones de mi vida es que pudimos conversar de eso con mi padre antes que muriera. Y yo me aseguré, me quedé muy en paz de que él se fue tranquilo conmigo, de no estar urgido, de no morirse preocupado por mi futuro”.

El trabajo de comunicar hoy

La incertidumbre, que tenía su padre, sobre su futuro profesional pronto dio paso al orgullo que se vio rematado con su trabajo como locutora.

“Fue muy emocionante pa él que yo siguiera sus pasos. Y para mí hacer radio es honrarlo todos los días. Me pasa que siento que cualquier huéon, hoy, hace radio. Me pongo super old school, porque para mí la radio es un medio sagrado. A la radio no llegué ni por bonita ni por famosa ni porque traje auspiciadores. Soy muy crítica de la radio hoy día en ese sentido. Siento que es un medio, como todos los grandes medios de comunicación, que se ha convertido en algo muy capitalista, muy de mercado, muy de que si están las marcas se financia y si no las radios se mueren. Lo que pasó con la radio Uno, que es super triste o la situación de las radios online que les cuesta tanto sostenerse, si no trabajan con marcas. En general los medios de prensa escrita, todos, todos los medios independientes, hacen una labor ardua y tener un punto de vista autónomo que no esté determinado por los intereses de esas marcas que te pagan la vida, esa independencia, yo la valoro mucho. Y uno de los sueños de mi vida es tener una radio, en que yo pueda pagarles a los trabajadores sin necesidad de tener que venderle un auspicio a nadie, o no sé, a la cafetería de Yolita, pero no a una marca grande.”

 

A propósito de los medios, tú eres amiga de quien es ahora la directora del The Clinic.

“Sí, la Lore (Lorena Penjean).”

 

¿Cómo ves que el Clinic sea ahora dirigido por una mujer?

Yo creo que es super histórico, importantísimo, simbólico y relevante que haya una mujer de directora de un medio como el The Clinic y que venga a refrescar sin perder la identidad de un medio como ese. El Clinic igual ha sido un medio machista que parte de su marca es esa; en el sentido del humor. Y siento que están haciendo una pega que es super difícil pero super valiosa, y que la están haciendo con mucha consciencia de honrar un pasado, porque también en ese momento Chile era otro, y ahí hay que tener ojo con juzgar lo que uno hacía cinco años atrás. Todos nos reímos de eso en ese momento, sí. Ahora, entendimos, crecimos, nos deconstruimos, cachamos que esta hueá cambió y que es bacán que haya cambiado. Entonces encuentro que es superpeluda la labor que ella está haciendo, de reconquistar público, de atraer público a un medio como ese, sin perder el humor, sin perder la identidad, pero trayendo todo lo nuevo que traen las mujeres cuando están a cargo de cosas, que son talentos sueperdiferentes a los de los hombres.

 

Y en ese hacerse cargo ¿Cómo te haces cargo tú de esa posición de liderazgo?

Mira, acá la palabra clave es empoderamiento. Siento que esa palabra empoderamiento fue muy tramposa con las mujeres en los 90 en el 2000. Allí se nos vendió y se nos sigue vendiendo en los medios de comunicación, como una ilusión de falsa igualdad. La mujer empoderada es la mujer masculina, la mujer que puede llegar a ser directora de una empresa, puede llegar a un alto cargo en su trabajo, puede llegar a tener gente a su cargo: una mujer que tiene que masculinizarse. Y esa es la única forma de que una mujer tenga poder. Y como que el empoderamiento era eso, ponerse terno, y ser pesada y tomarte una champaña con las amigas en el happy hour y agarrarte un pendejo. Esa era la caricatura de ser empoderada. Y esa hueá es mentira. No puede ser que esa sea la única manera de que una mujer llegue a un lugar importante. Que no tiene que ver con sus talentos, tiene que ver al parecer con una actitud, con una actitud de superioridad que es muy patriarcal. Tengo la experiencia de haber sido así, porque yo vengo trabajando hace varios años en grupos de hombres; 31 Minutos es un grupo básicamente masculino. Yo llegué ahí porque yo era la mujer que podía llevarse bien con los hombres. Toda mi vida he sido Janito, la amigo con tetas.

 

¿Masculinizarte para estar cerca de ellos?

Claro, crecí en una fantasía de para ser querida por los hombres, porque soy profundamente heterosexual, tenía que ser como ellos. O sea, yo me sigo vistiendo como cabro chico porque ese ya es mi estilo no más, pero yo desarrollé esta personalidad porque no era ni la más bonita, ni la más flaca, entonces ahí, el sentido del humor me aparece como un mecanismo de defensa y de protección, y me hice amiga de los hombres porque a mí me enseñaron que los hombres eran más bacanes, porque las minas jugábamos a cuidar la guagua y los hombres jugaban en el pasaje y se quedaban hasta tarde. Obvio que yo quería estar con ustedes y no con las minas que estaban coleccionando esquelas. Pero eso no está bien y después yo me di cuenta que me costó ene entender mi propia femineidad, qué tipo de mujer era yo. Todo el mundo pensaba que yo era lesbiana, no porque yo no sea femenina, sino porque yo tenía como una energía muy masculina porque pensaba que eso me legitimaba en el fondo. Y de repente como a los treinta y tantos me di cuenta que las amigas mujeres son muy importantes y que te muestran ese abanico de formas de ser mujer que hay; yo conozco mujeres muy poderosas, muy talentosas, muy fuertes, pero que no andan vestidas como hombres. Y si a mí me preguntan, las cabras jóvenes con las que tengo la oportunidad de hablar, le digo que no necesitas ser un hombre pa ser aceptada por los hombres, no necesitas ser un hombre pa gustarle a los hombres, de hecho, no les vai a gustar, créeme, tampoco van a querer culiar contigo y eso a una le cuesta mucho entender en la adolescencia y en la niñez

 

Consumir cannabis como acto político

Jani en su Stand Up que está en Netflix, le dedica varios minutos para reflexionar sobre la marihuana y como nos relacionamos los chilenos con ella. Es por eso que no dejamos pasar la oportunidad para que se explaye con nosotros y le preguntamos sobre la legalización ahora que vuelve a estar a ser tema gracias al paso que dio Canadá a mediados de octubre.

“Acá la volá uruguaya no va a funcionar, porque el capitalismo nos tiene succionados y no van a permitir que el modelo uruguayo ocurra. Obvio que me parece mejor el modelo uruguayo. La marihuana es super valiosa en términos ideológicos y políticos. Porque creo que la gente que no quiere que la marihuana se legalice, es porque la marihuana si algo hace, es que te baja la ambición y eso no es placer del capitalismo. Si todo fumáramos marihuana tal vez querríamos tener menos plata y trabajaríamos menos y tendríamos mas ocio, conversaríamos más, dormiríamos más y eso al capitalismo no le conviene. Yo dejé de fumar hace un par de años porque me pegaba mal, porque andaba media depre y me agarraba la angustia. Antes la ocupaba para fumar en mi casa y hacer mis cosas. Nunca fui fumadora social porque me voy para adentro. Soy más buena pa chupar con gente. Y de ahí no volví a fumar. Además, necesito algo que me baje porque soy media neurótica, así que debería probar con índica. Yo estoy rodeado de marihuaneros que son muy funcionales. Esa caricatura del marihuanero perdido con lo ojos en cruz yo no le he vito en adultos, tal vez en la adolescencia. Esta decisión voluntaria de que si me fumo un pito no estoy tan neura, si fumo un pito no quiero producir todo el día todo. Entonces hay una decisión voluntaria y muy sabia para bajar el ritmo y diferenciarte del ritmo de este mundo capitalista donde vivimos y eso me parece fantástico. Entonces en vez de estarme medicando, que conozco a varios que no pueden vivir sin ansiolíticos, la marihuana es una alternativa mucho más orgánica.

Entrevista publicada en la edición de noviembre de Revista Cáñamo.

 

 

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