REVISTA DIGITAL
|
REGISTRATE
Noviembre 6, 2018

La feria cannábica más antigua de Latinoamérica se viene realizando año a año desde 2012 y siempre en el Parque O´Higgins. Pero y a pesar de ser esta la sexta versión, para mí fue la primera: me asombré con los nuevos productos, me achocloné con el resto de los visitantes en cada stand, fumé, recorrí sus diferentes zonas, bajonié y disfruté de la diferentes propuestas musicales que estuvieron presentes durante estos tres días.

Día de inauguración. Llevaba cerca de dos horas en la Expoweed  y el sol pegaba fuerte. Mientras algunos visitantes que recién ingresaban a la feria se paseaban por el Stand de CANNA, que ofrecía una zona con aspersores para refrescarse, yo identificaba alguna sombra bajo los árboles y así hacer mi primera parada estratégica.

Me siento al lado de una pareja, a quienes les pregunto si tienen un moledor. Después me entero de que se llaman Luis y Catalina, que son padre e hija y que esta es también su primera visita a la Expoweed.

Armo un caño y les devuelvo el moledor. Les pregunto si quieren fumar y los dos se sonríen como avergonzados por la pregunta.

“Aún no nos atrevemos a fumar juntos me dice Catalina. Es medio vergonzoso fumar con tu viejo. Es raro. Además para él siempre voy a ser su niña”, alega Catalina que está a punto de recibirme el caño.

Luis, por su parte parece más reservado o es tal vez la extracción que probó hace un rato, me dice Catalina medio en broma. Sin embargo, Luis asiente a lo que su hija dice y sale de su mutismo para contarme que decidieron venir juntos porque quieren cultivar.

“Prefiero que mi hija consuma algo que fue plantado por nosotros a que se ande exponiendo comprando en cualquier lugar”, cuenta Luis.

Fumo la mitad del caño y se los dejo no sin antes decirles  “por si se atreven a fumar juntos”. Ambos sonríen y me dicen que lo van a intentar.

Sigo recorriendo la feria y por instantes recuerdo esos paseos de niñez por la FISA, donde junto a mis primos nos dedicábamos a llenar bolsas con merchandising, papelería y calendarios. Treinta años después en esta feria recibo papelillos, filtros, cajitas para guardar la yerba, moledores y tarjetas de presentación de cultivadores, representantes de bancos, fertilizantes y sistemas de cultivo que me permitirán seguir profundizando en la cultura cannábica durante este 2018.

El recorrido

Mi técnica para recorrer la feria era simple: caminar y dar vueltas hasta que me aburriera, aunque —por lo general— ganaba mi cansancio que hacía que cada cierto tiempo me volviera a sentar en el pasto bajo los árboles.

Pero hay que seguir porque en la feria en cada momento está pasando algo. Como la expectación que generó el stand de OCB, que provocó mucho interés y una fila de personas esperando su turno para poder descubrir el secreto de una habitación que estaba completamente cerrada y que, en la puerta, era custodiada por dominatrices que te invitaban a pasar.

La espera era larga y los curiosos que se aburrían en el stand de OCB caminaban un par de pasos hasta que se topaban con la zona de Top Crop que, junto a un MC y DJ, lograron captar la atención de cientos de visitantes que se apiñaban tratando de alcanzar algún producto que era lanzado al público.

Un alto en el camino: bajón

Son cerca de las 4 de la tarde y la feria está repleta. Hay lugares en que es imposible transitar y el humo que sale de pulmones y pipas me abre el apetito. Los bancos de semillas, las tiendas de parafernalia reciben un flujo interminable de gente. Las ruletas que, por luca, te daban la posibilidad de concursar por un regalo, abundan y fueron una estrategia repetida por varias marcas que prefirieron esta modalidad para atraer gente.

“En la entrada me dieron unas semillas. Ahora me acabo de ganar unos pack de fertilizantes. Capaz que si me doy otra vuelta rescato un macetero y tierra y me voy con todo pa armar mi cultivo en la casa”, me cuenta Pedro con quien comparto una mesa en la zona de comidas mientras me como un choripán.

Pedro me cuenta que ha venido desde la primera versión. “Fue un hito, nos juntamos acá un montón de gente y todo se hizo sobre la marcha. Yo, que he estado en todas las expo, he visto la evolución y puedo decir que año a año se supera”.

Termino de comer y Pedro se acaba de comprar una porción de lo que parece ser una chorrillana y comienza a engullir como poseído por el bajón. Se da cuenta de que lo estoy mirando y se disculpa.

“Tengo que recuperar fuerza porque vine en bici desde Maipú y salí solo con el mañanero puesto. Por suerte continúan en la Exeo con los estacionamientos para las cletas. Sería una paja para mí irme de la expo en las nubes y tener que subirme a una micro”.

La familia en la Expoweed

Una de las cosas que me sorprendió gratamente de la feria fue la amplitud de edades de los visitantes. Familias que aprovechaban el día y compartían una jornada que tenía actividades para cada edad.

Como la Zona Pekes, lugar donde los padres podían dejar a sus hijos al cuidado de un equipo de educadoras. Hablo con Ingrid Santis, quien es educadora parvularia  y encargada de este sector que recibió más de 50 niños diariamente mientras duró la feria.

“Este espacio está acondicionado especialmente para los niños y la idea es que estos vengan a jugar, a  explorar. También habilitamos espacios, dentro de la Zona Peke, para que los papás estén con los niños y puedan almorzar con ellos. También hemos preparado un lugar para que las mamás puedan amamantar. La idea es tener una zona de confort para toda la familia.

Después de hablar con Ingrid decido nuevamente recorrer la feria, específicamente escuchar un poco de las charlas que se están dando en el Teatro La cúpula del Parque O’Higgins.  Antes de escuchar a los expositores, paso por la zona de enfermería y el equipo que atiende se ve aburrido. Les consulto si han tenido mucho trabajo y me dicen que han atendido a un par de personas por insolación, dolor de guata y a otros que, por probar tantos frutos, terminaron con pálida.

Veo que la gente se acerca lentamente hacia el escenario. Algunos venimos desde la Cúpula del Parque O´Higgins donde hemos escuchado a los conferencistas. Portavoz empieza a sonar y muchos de los que están adentro de la feria comienzan a caminar rápido hacia el Nirvana Stage, zona auspiciada por el Banco de semillas Nirvana Seed y donde se realizaron los shows artísticos más importantes que se presentaron durante los tres días.

Miro el concierto un rato de pie junto a un centenar de personas. Pero como he caminado todo el día prefiero sentarme y escucharlo tranquilamente desde la comodidad del pasto. Las personas alrededor arman caños, llenan pipas y cargan vaporizadores.

Alguien me ofrece fumar en una pipa que tiene una especie de tirabuzón en el interior y me comenta que la está estrenando. Le doy una calada y me recuesto mientras la música suena. El primer día de mi primera Expoweed está terminando.

****Artículo publicado en la edición de enero de 2018 de la revista Cáñamo