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Septiembre 27, 2018

Hace un par de semanas visitamos Los Ángeles, Angol y Cañete. Queríamos conocer de qué manera se mantiene viva la utilización de las plantas medicinales en el mundo mapuche. Conversamos con facilitadores interculturales, lawentuchefes, mujeres mapuche, dirigentes sociales, quienes nos contaron cómo las plantas medicinales escasean donde el pino reina y como se aúnan voluntades para seguir manteniendo viva la medicina mapuche en un contexto biomédico winka que tiende a homogeneizarlo todo.

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El 5 de septiembre se conmemora el Día de la Mujer Indígena y en los Ángeles, región del Biobío, la señora Erica Inostroza Lonconao, de la Asociación  Cultural Newen Mapuche de Laja, marcha junto a un centenar de mujeres. Entre los gritos y pancartas, las demandas se repiten: liberación a la machi Francisca Linconao y justicia para Macarena Valdés, quien era una activista opositora del proyecto hidroeléctrico Tranguil y cuyo caso se reabrió para investigar un posible asesinato.

La marcha avanza hacia la Plaza de Armas de Los Ángeles. En el mismo lugar un evento folklórico inunda sonoramente todo el lugar. La cueca zapatea con espuelas y vestida con poncho y sombrero de huaso en la calle Caupolicán, mientras que cruzando la Plaza de Armas, en la calle Lautaro, no más de 150 participantes tratan de escuchar a los diferentes representantes sociales que hablan sobre la figura de la mujer indígena.

Se escucha poco y es difícil competir con la música amplificada del evento con un micrófono conectado a un parlante. Alguien podría decir que es una muestra de convivencia, pero más parece el efecto homogeneizador de una cultura sobre otra.

Las comunidades indígenas marchantes terminan su actividad en el espacio público para refugiarse en un local donde comparten empanadas, tortillas, pan amasado, pebre y sopaipillas.

A la señora Erica Inostroza Lonconao la volvemos a ver y le pedimos que nos cuente un poco sobre las hierbas medicinales. Lo primero que nos aclara es que las plantas son cada vez más escasas.

Encontrar plantas medicinales es cada vez más difícil, las plantaciones de pino y la contaminación hacen que las hierbas medicinales escaseen y que las lawentuchefes y machis deban viajar cada vez más lejos para conseguirlas.

La señora Erica nos pregunta de qué revista somos y cuando le damos el nombre nos retruca —para nuestra sorpresa— diciendo que ella ocupa cáñamo de forma habitual.

“Yo tomo las hojas del cáñamo con leche pero hay muchas personas que lo toman con mate. A mí me sirve mucho para mis huesitos” nos dice ella mientras se soba un codo.

Alicia Salas, de la agrupación Newen Amulen, también se une a la conversación y nos cuenta de su trabajo con las hierbas y cómo ese conocimiento fue transmitido.

“Mi abuelita quería que mi mamita fuera machi pero ella se vino a la ciudad y no obtuvo todo el conocimiento para llegar a serlo. Ese conocimiento me lo traspaso a mí y gracias a esa sabiduría ancestral he podido ir conociendo más de las plantas y cómo sanar con ellas”.

Erika Rivera Cheguan, quien también es parte de la asociación Newen Amulen, se incorpora a la conversación. En la actividad se ha corrido la voz de que hay alguien entrevistando. Ella nos pregunta si somos de “esa” revista y de entrada nos explica la forma en que los mapuche acceden al conocimiento a través de los más ancianos.

“Lo que pasa es que en la ciudad la gente se informa por la tele, pero cuando te relacionas con tu familia y antepasados tienes las bibliotecas ahí mismo. Eso forma de acceder al conocimiento te hace menos prejuicioso. A mí no me da vergüenza decir que tomo cannabis con mate y que le doy a mi madre que tiene fibromalgia”.

Pero así como nos cuentan sus incursiones con el cannabis medicinal, nos hablan de la importancia de las hierbas medicinales y cómo estas escasean en cantidad y calidad.

“No es lo mismo que una planta crezca en su entorno que en medio de la suciedad de la ciudad o trate de crecer cerca de una plantación de pinos donde está expuesta a todos los químicos de ese cultivo. Incluso si una hierba es plantada en un macetero tampoco tiene la suficiente fuerza para curar”, comenta Erika.

Según la cosmovisión mapuche, el ser humano que mantiene una relación constante con el entorno a partir de los principios de la cohesión, reciprocidad y respeto, va construyendo una identidad que permitirá establecer una forma de vida en conjunto con el Itrobill Mongen (biodiversidad y espiritualidad en conjunto).

Es a través de esta relación que los mapuche pueden construir su identidad. Pero las migraciones forzadas o no, las plantaciones de pinos y eucaliptus que se pierden en el horizonte y la vida en la ciudad han incidido en que ese equilibrio para muchos mapuche esté trastocado y, por lo mismo, se entiende que su medicina tradicional, que depende de la relación con la tierra para perdurar, fuera un conocimiento que apenas permanecía vivo en un contexto rural.

“Mi labor es poder acercar la salud tradicional mapuche a la ciudad” nos dice el facilitador intercultural Juan Pichilen Linco, quien es parte del Servicio de Salud en Negrete.

La salud intercultural permite a los peñis y lamien optar por atenderse con lawentuchefes y machis. Nosotros una vez a la semana los llevamos y ahí se atienden con las hierbas que tienen las lawentuchefes y que recolectan de la cordillera, muy cerca de los cráteres de los volcanes. De ahí se obtiene la avepanul, la paramela, el piukelawen”.

Nosotros nos acercamos a las machis y lawentuchefes porque no solo sirve, dentro de la medicina mapuche, saber para qué sirve tal o cual planta. Se necesita tener la espiritualidad que ellas tienen.

Verónica Huenuan trabaja en la Unidad de Cultura y Educación de la CONADI y cuando conversa con nosotros pone algunas cosas en perspectiva.

“Es importante lograr que las personan entiendan que este conocimiento de las lawentuchefes no es un conocimiento de una persona en particular. Es un conocimiento de todo el pueblo mapuche y en especial de nuestros ancianos que lo han preservado”.

“Por lo mismo debemos ser cuidadosos con este conocimiento. Yo si bien soy mujer mapuche del territorio lafkenche y conozco algunas plantas medicinales y las ocupo, son nuestras especialistas las que están encomendadas a hablar sobre esos temas. Creo que es importante respetar eso también”, nos señala Verónica.

 

Un bosque, no una plantación

Viajamos desde Angol a Cañete y podemos ver cómo las plantaciones de pino dejan a su paso cerros y cerros desprovistos de toda vegetación. Con la tierra estéril a la vista no hay que ser un experto para darse cuenta del enorme impacto que provocan estos monocultivos extensivos.

Durante un buen rato del viaje nuestra vista se pierde frente a un paisaje que se repite: hileras de pinos y, entre medio, pequeños manchones de vegetación donde aún queda rastro de la flora autóctona de esta región.

Uno de esos lugares donde los antiguos bosques aún viven es el Monumento Natural Contulmo. Estacionamos a un costado de este inmenso bosque y lo recorremos solo un poco pero lo suficiente para notar la diferencia entre este espacio donde la biodiversidad está presente en cada centímetro y las plantaciones que hemos visto a lo largo de todo el camino.

Cruzamos el Parque y llegamos a la cuidad de Cañete donde está emplazado el hospital intercultural, que es también un hito visual arquitectónico donde se pueden reconocer estructuras que asemejan a las rucas.

En este hospital intercultural se han dado varios pasos para incorporar la sabiduría ancestral del pueblo mapuche a los procedimientos biomédicos que se realizan al interior del recinto hospitalario.

El director del hospital, José Lincoñir González, nos comenta que el proceso para hacer de este un hospital intercultural ha sido lento porque en parte y como todo en Chile, la inauguración del lugar se hizo más bien pensando en las oportunidades políticas asociadas y eso hizo que se pasaran por alto un montón de acciones que eran vitales para poder denominarlo “intercultural”.

“Al principio los funcionarios no se sentían parte de esta propuesta intercultural. Pero con el tiempo y con ciertas prácticas que implementamos hemos ido dando pequeños pasos para que este hospital empiece a genera runa serie de hitos en esa dirección, como, por ejemplo, ser los primeros en establecer un protocolo de entrega de placenta. Hacer que las parteras conversen con la matrona, que los componedores de huesos y traumatólogos y kinesiólogos dialoguen y que psiquiatras y psicólogos dialoguen también con la machis cuando se trata de darle una atención intercultural a un paciente”.

“La sabiduría popular siempre ha ido conversando con lo biomédico. Creo que en ese sentido estamos avanzando en hacer visible ese vínculo entre la medicina ancestral mapuche y la medicina occidental”, subraya el director del hospital de Cañete.

Francisco Yaupe Ancalao, quien es facilitador intercultural en el hospital de Cañete, cuenta que en una primera parte fue un puente entre este mundo de la medicina ancestral y lo biomédico que se requería adentro de una institución hopitalaria.

“Lo primero que hicimos fue enseñar a los profesionales de la salud en qué se basa la religiosidad mapuche, la idea del bien y el mal dentro de nuestra cosmovisión. Explicar que hay ciertas enfermedades que sólo la machi puede curar. Pero es complejo hasta ahora”.

La complejidad es una mezcla de varios factores, entre ellos, “es que los médicos están cerca de 4 años y después se van. O sea alcanzan a asimilar un poco todo lo relacionado con la medicina mapuche y se van. Eso quita continuidad a cualquier propuesta intercultural que podamos ir desarrollando en esta área”, agrega Francisco Yaupe Alcanlao.

“Nosotros también y cuando se inicia la intervención de la machi, le explicamos al paciente y a su familia que este es un proceso y que a diferencia de la medicina occidental, no busca atacar la enfermedad sino la razón de por qué esta se provoca y que está en el marco de un proceso y que tiene sus tiempos”.

La lawentuchefe de Sara de Lebu

Ir a visitar a la señora Elba Puen Nahuelpan no es fácil. No se trata de ir a golpear la puerta y esperar a que nos deje entrar a su casa. Es por eso que nos acompaña Pablo Torrens Herrera, coordinador del Departamento de Pueblos Originarios DEPO del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, quien lleva más de 15 años trabajando junto a las comunidades mapuche del sector.

Nos cuenta que a través del DEPO, se implementó a partir del año 2015 el programa Fomento y Difusión de las Artes y las Culturas de los Pueblos Indígenas que tiene como objetivo contribuir a la revitalización y fomento de las expresiones artísticas y culturales de los pueblos originarios, desde un enfoque territorial, consagrando en su forma de trabajo los principios incluidos en el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo OIT.

Es este trabajo de años que realiza Pablo de revitalización junto a las comunidades indígenas, el que nos permite llegar hasta la casa de Elba quien nos estaba esperando con una sopa de lisa (un pescado) y mate con azúcar.

Al interior de la casa de la lawentuchefe el calor de hogar está dado por una cocina a leña que nunca se apaga. Arriba de ella ollas y teteras humean esperando ser ocupadas.

“Los esperábamos al almuerzo. Ahora la sopita de pescado ya está más espesa. Pero les voy a servir un mate también”, nos dice mientras coloca los platos y seba un mate que tiene una ramita de hinojo.

Mientras Pablo nos comenta que lo potente de la relación que se ha dado entre el próximo Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y las organizaciones mapuche, ha sido el respeto por los acuerdos alcanzados en el proceso de Consulta Indígena. Allí la institución se comprometió a validar a las autoridades tradicionales como Lonko y Machi y juntos ir tomando decisiones respecto a la manera de cómo se promueven y desarrollan iniciativas que permitan rescatar, mantener y proyectar a futuro su religiosidad y sus prácticas culturales, como la lengua y su medicina, derechos sociales que como pueblo preexistente se deben reconocer y ejercer.

Le contamos a la señora Elba que estuvimos en el Monumento Natural Contulmo y que quedamos impresionados por el tipo de vegetación que existía ahí.

“Pero si eso es lo más lindo que hay. Donde uno camina hay lawen (remedios).”, nos comenta antes de comenzar a relatarnos de donde adquirió su conocimiento.

Ella entre cada cucharada que le damos a la sopa nos cuenta algo. Habla rápido y nos enteramos como trabajó de empleada doméstica en Santiago. De su vuelta al campo, de cómo comenzó a sacar afuera ese conocimiento que había adquirido.

“Lo de la interculturalidad acá surge como el 97. Yo comencé a participar en esa época aunque me costó porque había reticencia de que yo participara porque no tenía estudios formales. Pero yo sé muchas cosas de nuestra cultura”.

Nos ofrece otro mate y si queremos servirnos un poco más de sopa. Le volvemos a preguntar cómo aprendió a curar con las plantas.

“Mi madre era partera y de ella aprendí. Ella me mandaba a buscar yerbas y así las fui reconociendo y aprendiendo su uso. También aprendí mucho de  mi padre. Recuerdo que caminaba con él y me explicaba cosas. De los mapuche siempre han dicho que son ignorantes. Pero le cuento que antes de los españoles acá ya existían las parteras, las lawentuchefes, las machis, los componedores de huesos. Teníamos nuestra propia sabiduría. En nuestra cultura no faltaba nada”.

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