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Julio 19, 2018

Casi de entrada, y antes de preguntarle por el tema, nos lanza: “La primera vez que fumé marihuana fue con mi padre y con mi madre y debe haber sido buena… porque yo soy huérfano”. No conocemos a Pablo en persona. La frase sorprende y desconcierta, pero no pasan ni dos segundos cuando agrega “te estoy jodiendo”, con una risotada al final. Conversar con Araujo es como estar en una montaña rusa: anda rápido, cambia de dirección abrupta e inesperadamente. Pareciera ser que le es imposible completar una idea sin intercalar una ironía, un sarcasmo o lisa y llanamente una broma, pero no por eso pierde peso su relato, al contrario: se densifica. Es políticamente incorrecto, pero no agresivo ni cínico. Reírse de todo, inclusive de él mismo y de lo que uno supuestamente no debiera, parece ser su “fórmula” para confirmar que hay poco de qué reírse. *

Texto: Claudio Venegas / Fotos: Jorge Rosales

Entrevista publicada en Revista Cáñamo, edición 106 (febrero-2016)

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La formación escolar y académica de Araujo siempre fue confesional, en un colegio jesuita primero y en la Universidad Católica después. Al parecer fue precisamente ese contexto el que puso ante sí las primeras contradicciones que lo hicieron pensar y también burlarse. “Yo me tomaba cosas literalmente y me reí mucho en el colegio cuando te pedían decir cosas coherentes pero te hablaban de serpientes parlantes que te ofrecían manzana, de un Jonás tragado por una ballena, de un tipo de barba que abre el mar en dos. ¿Cómo me puedo tomar en serio eso? No puedo… y salió un humor sano de todo eso”. “Inventé una biblia pirata, donde al final Cristo se salvaba, y ponía locuras como que si Cristo hubiese sido cubano, se habría ido caminando a Miami, o una biblia de los chicago boys donde Jesucristo solo curaba a los leprosos con Isapre”. Fue esa agudeza la que lo llevó a participar de la versión chilena de CQC como guionista y panelista, editor de humor de The Clinic, e invitado permanente de diversos programas de conversación cuando se trata de observar y comentar la actualidad chilena.

Araujo, Uruguay y la marihuana

Una de las cosas que le sorprendió cuando llegó a Chile a estudiar, por allá por el año 88’, fue lo común que era entre sus pares el consumo de cannabis. “Cuando llegué a Chile estaba asombrado, la gente tenía más pitos que el minuto de confianza de Paty Cofré. Yo le contaba a mis amigos que si en Uruguay fumás marihuana sos un drogadicto, en Chile, en cambio, sos un chileno”.

No tiene ningún rollo con la cannabis, la ha probado, pero no es lo suyo. “A mi la marihuana siempre me hizo daño. Yo creo que me potencia mis peores cosas: me deja más herido que Sampaoli. Veía colores tan estridentes que hasta Beethoven podía escucharlos. Me siento incomodo, es como Amish con chaleco reflectante… Así me siento”. “El último que me fumé me dio paranoia, no podía manejar y me fui en Metro. Pensaba que todo el mundo me quería empujar pero era pura paranoia, porque yo tengo tan baja autoestima que no me tiro al Metro porque hay una cartel que dice ‘prohibido arrojar basura’”.

Sus seguidos viajes a Uruguay le han permito constatar que la legalización en curso no ha dejado ninguna debacle ni mucho menos. “Ves de repente a un paco fumando marihuana, pero no produce el escándalo que produce aquí, mirá, por ejemplo mi madre es una persona conservadora, sin embargo, si ella ve eso en la televisión no se va a escandalizar de la misma manera como se escandalizaría un conversador aquí, porque están pendientes del que dirán”, y agrega sobre el consumo que “no es tema porque Uruguay es en cierta manera más individualista, se asume que eso depende de ti. Nos quieren hacer pensar que esa conducta va a ser imitable… como con el debate de la ley de divorcio que hubo en Chile, que iba a quedar la debacle y todo es mentira, no pasa absolutamente nada, al contrario, se vuelve más sana la salud mental de la población”. Para Pablo, los que se oponen “propagan la desinformación. A ellos les conviene hacer creer a la gente que THC significa The History Channel”.

Reflexiona un segundo… “Estaba pensando, ¿te imaginás si hubiesen legalizado la marihuana cuando los uruguayos cayeron en la cordillera? Lo digo por el bajón del hambre… Se hubiesen comido a tres pasajeros y acumulado las millas”.

Y vuelve a la carga: “Uruguay es un país de mierda del tercer mundo, con leyes del primero: está legalizada la marihuana, los homosexuales pueden adoptar –lo que me parece perfecto-, el aborto es legal, tenés educación gratis…”. “Uruguay es el infierno de la UDI,  Asegura que si hubiera una colusión para vender marihuana, por allá la haría “Eliodoro Matta”.

Pablo se quedó en Chile por amor a una chilena con quien tiene dos hijos de 17 y 20. ¿Cómo hacer frente a esta dualidad cultural en torno al cannabis, e incluso legal, a la hora de hablar de esto con los hijos? “Confianza absoluta”, responde. “Es que mis hijos hoy en día no van a Macdonald, no toman bebida, porque tienen una conciencia de salud más grande y siempre les he dicho que si se van a fumar un pito fúmenselo porque hay cosas mil veces peores… Los chilenos toman más que los argentinos, yo estaba asombrado de cómo tomaban hasta ‘apagar la tele’ como dicen, se borran, tomar es una especie de  conducta autodestructiva, porque te creo dos piscolas, ¿pero 10 en una noche? Prefiero 50 mil veces que mis hijos fumen un pito a que tomen un litro de whisky. Yo creo que es más fácil dejar la heroína que dejar el tabaco”.

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Cómo somos los chilenos

Lleva 15 años viviendo en Chile y conoce bien a nuestro pueblo. “Chile es el país más raro, es el único lugar del mundo en donde Pinocho es una película de terror, ya por ahí te cambian todas las cosas”. “Te subís a un ascensor y te dicen menos buenos días que Drácula”. Pero asegura que cuando nos relajamos somos buena onda, querendones y queribles.

Le llama la atención que valoremos poco lo que tenemos “Son automutilantes al pedo, se hacen pedazos… Fíjate, tienen dos premios nobel de literatura; Argentina con más de 40 millones de habitantes no tiene ninguno, sin embargo te dicen ‘noo, Neruda más o menos, nooo, ¿la Mistral?’. Cualquier cosa la van a hacer mierda… A Nicanor Parra lo respetan porque no murió, pero luego van a decir ‘¿estos artefactos?, ¿qué mierda…son de  ABC-Din?’. Son muy autoflagelantes”.

“Yo creo que en el fondo hay un autoritarismo anónimo en Chile. Ya han pasado 40 años de la dictadura y, sin embargo, acá hay que tener cuidado con esto, con esto otro, porque no sabes de dónde están disparando, está metido en los chilenos y el objetivo de eso es hacerte ver que tu vida no está en tus mano, porque eso es lo más revolucionario. Acá tu vida depende de la religión, de las leyes del mercado, pero no de vos mismo”.

Algo que le gusta de Chile es que nuestra particular idiosincrasia a diario le provee de material para sus reflexiones. “Es interesante este país, porque todos los días te prohíben cosas maravillosas… Tenés a Hasbún, que quería cárcel de grado mínimo para todos los que enaltecieran a Allende… Yo creo que toda esa gente, esos políticos, debieran seguir el ejemplo de Allende: pegarse un tiro”.

El miedo a la libertad

“Hasbún, la Ena, Jaime Orpis, están todos a favor del consumo… pero del consumismo. Toda la bancada de la UDI debiera fumarse un pito, relajarse, abrir un poco la mente, si es que les queda algo. Porque son muy rígidos, el típico miedo maniqueista de pensar que si la vida se te relaja por algún lado, quedará la cagada, ¡y la vida se pasa relajando por todos lados, boludo! Nada es estricto, y es maravilloso que sea así, imagínate si supiéramos lo que va a pasar mañana, lo que va a pasar en nuestro trabajo… No te digo hacer apología de la zozobra o la inestabilidad, pero la vida es inestable, de hecho, para los fachos ‘ser libre’ implica ser inseguro en cierta manera, ellos quieren ser más  seguros diciendo ‘mi señora me va a ser fiel, yendo a misa los domingos, esto y el otro’.

Y casi como resumen de su mirada, Pablo nos cuenta algo que no sabíamos y que tal vez explica mucho: “Mirá, acá tú tienes el escudo que dice ‘por la razón o la fuerza’, y en el de Uruguay dice ‘por la libertad no ofendo ni temo’… Ahí tenés”.

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