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Julio 6, 2018

Después del carnaval con la gente de Los Copihues y las más de 70 bandas que participaron en el pasacalle realizado en La Florida. El domingo desde temprano en el pueblo de los artesanos de la comuna de Pirque, en medio de árboles y una privilegiada vista del cerro Corazón, se estaba preparando la ceremonia del Macha’q Mara, el esperado regreso del sol. El año nuevo Aymara. 

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El Willka Kuti, Macha’q Mara o Año nuevo Andino, son diferentes nombres que aluden a la fecha del año donde se celebra un nuevo ciclo: el solsticio de invierno. Periodo donde la tierra se comienza a preparar para recibir la semilla e iniciar el nuevo ciclo.

Vicente Moyano, junto a un peñi, una machi y la gente del Pueblo de Artesanos, desde las 11 de la mañana comenzaron los preparativos para esta nueva ceremonia. La lluvia de la noche anterior dificultó un poco el desarrollo de las actividades, pero no fue impedimento para todo lo que tenían preparado.

El lugar fue elegido, lejos de la ciudad, entre árboles y montañas es el escenario ideal para una ceremonia de caracter espiritual. Frente al Pueblo de Artesanos, donde se realiza la ceremonia, se encuentra el cerro Corazón, una conocida ruta para algunos montañistas, en el cual se nota claramente el porqué de su nombre. En él, los pueblos originarios realizan sus ceremonias. “Es un cerro mitológico”, cuenta Vicente, quien lleva 23 años aprendiendo de la cultura Andina.

Además, hace más de 20 años conduce el programa Guerreros del Arcoíris en la Radio Puente Alto que abarca a toda la provincia Cordillera. Ahí se ha dedicado a promover y enseñar la cultura de los pueblos originarios y ser un espacio para la música andina con transmisiones todos los miércoles a las 20 horas.

A pesar de no ser Aymara, practica el conocimiento y lo da a conocer. El Macha’q Mara lo celebra cada año en su casa, y este fue el primero que pudo hacer en Pirque para que otros pudieran saber de esta ceremonia y practicarla en un ambiente fraterno. Y la ceremonia logró convocar: al pueblo de artesanos llegaron cerca de 100 personas que respetuosamente presenciaron y fueron parte de este año nuevo andino.

 

Comer y beber en comunidad

“Hoy día comimos, hoy día compartimos”, nos dijo Vicente mientras nos entregaba un trozo de carne de un anticucho que le pasaron, mientras contaba cómo se desarrollará la actividad. Él por no ser Aymara, no puede realizar el ritual como lo haría un Yatiri, un sabio o jefe de comunidad. Lo que realizó es una Pawa, un pensamiento o reflexión y un agradecimiento a la Pachamama.

“Conectarnos con una sola cosa, que te importa a ti, que me importa a mí, te importa la unión, te importa la tierra, esa es la Pawa. Conectarnos. Mas rato va a haber una energía potente aquí, porque tu energía, mi energía, toda la vamos a juntar. Pero también van a estar presente los que no están. Los que estuvieron, porque son importantes”.

Para comenzar se hace un pasacalle, “para avisar a la gente que algo va a pasar”, nos relató. Bandas de Tinkus, Caporales y Huayño bailaron y dirigieron a la gente hacia el Rewe que se encuentra en el centro del lugar, frente a una ruca. El Rewe es un altar sagrado mapuche, hecho de un tronco de madera escalonado. Se ocupa éste, aunque sean culturas distintas ya que, “no hay diferencia, los dos piden a la tierra, son parte de la tierra”, nos cuenta Vicente.

Una vez en el Rewe, Vicente se paró delante de éste. Inmediatamente los celulares y cámaras se guardaron. Con anterioridad había pedido expresamente que no se grabara la Pawa, ya que, para realizarla, las personas debían conectarse con la tierra, centrarse en el pensamiento, y respetar ese momento.

Se hizo un círculo donde todos miraban el Rewe. Con un vaso de vino tinto se ofrendó a la Pachamama. Comenzó Vicente arrojando un poco a la tierra, a los cuatro puntos cardinales, y tomó un sorbo. Primero es a la tierra, en forma de reciprocidad por lo que entregó, y después un sorbo la persona que ofrenda, seguido de la exclamación: ¡Jallalla! Una expresión Aymara que significa esperanza, festejo, agradecimiento y/o buenaventura.

Todo aquel que quiso ofrendar, pudo hacerlo, solo tenían que estirar la mano y Vicente les hacía llegar el vaso. Misma acción se repitió con un vaso de pisco, ya que se ocupa un licor fuerte para recordar a los seres que ya no están con nosotros, a los antepasados. En las peticiones que se hicieron, se llamó a la unidad entre pueblos, por los presos mapuches y el conflicto en la Araucanía y, que en este proceso de siembra salga todo bien y se genere más comunidad.

Luego de la Pawa, se presentó el grupo de música andina Inti Wañuy, y volvieron a danzar el Tinku, Caporales y Huayño en el escenario. Estas presentaciones son para la gente y para la tierra, ya que eso es la ofrenda. “Todos los que vienen, vienen por la tierra”, comenta Vicente.

En el rito originariamente los Aymaras comienzan la festividad el domingo, preparando a las comunidades, y el 23 de junio, se juntan para romper el alba realizando la ofrenda, entonces los músicos tocan la salida del sol, y se come y bebe en comunidad.

En esta oportunidad en Pirque se tenía preparado un consomé y sopaipillas para que la gente pudiera compartir gratuitamente en esta celebración del nuevo regreso del sol. Una vez terminada las presentaciones todo aquel que quisiera solo tenía que acercarse para comer y festejar. Además, para el frio y los que quisieran, había un vino navegado caliente para todos.

 

Fotos y  texo: Daniel Parra

Si deseas puedes ver en nuestra edición de junio de la revista y, a propósito de este tema, revisar la entrevista que le realizamos al vocero de la Coordinador Arauco Malleco, Héctor Llaitul 

 

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