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Noviembre 11, 2017

Hace tres años a Mauricio se le ocurrió armar un grupo en Facebook. La idea era simple: juntar a los que les gustaba la bicicleta y la marihuana para coordinar “rutas”. Hoy ese grupo reúne a 4775 personas que arman viajes y suben la cuesta Caracoles o “en volá” se van por el fin de semana a la playa. Todo esto, en bicicleta. Nos juntamos con Mauricio y 10 ciclistas del grupo que contaron  sus rutas más difíciles, los prejuicios de ser usuario y apasionado por algún deporte y cómo la cannabis se transforma en un complemento de sus vidas sobre dos ruedas. Acá una historia que se armó en una marivuelta de 20 kilómetros.

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Hace un par de meses me uní al grupo en Facebook Cleteros Weed y desde esa fecha no paro de recibir notificaciones de este grupo. Lo mensajes iban y venían: algunos miembros informan sobre los sectores donde han sufrido robos; otros arman “eventos” en los que organizan rutas o salidas improvisadas al cerro San Cristóbal y, al mismo tiempo, solidarizan con un miembro del grupo que fue atropellado y arman actividades a beneficio para quien lo necesite.

Le escribo al administrador del grupo, Mauricio, quien se anima a conversar con nosotros y contarnos la evolución del grupo que creó y cómo es eso de ser cletero weed. Ofrece juntarnos en el Parque Bicentenario con otros ciclistas que se quieran unir a la conversación.

“Te pensábamos invitar al Anfiteatro del Cerro San Cristóbal pero ibas a quedar sin pulmones si subíamos”, me escribe por Whatsapp.

Después de leer el mensaje me pongo a sacar la cuenta. Del Metro Estación República al Parque Bicentenario hay 10 km más o menos, según Google maps. Además es en subida. La pienso, es una larga distancia para alguien que ocupa la bicicleta de vez en cuando y para recorrer distancias cortas.

Acepto el reto, coordinamos la reunión en el Parque Bicentenario y comienzo a armar ―mentalmente― la ruta que tendré que seguir: tomo la ciclovía de la Avenida  Brasil hasta la calle Rosas donde subo en dirección al Parque Forestal. Sigo encumbrándome y paso por Plaza de la  Aviación, bordeo el Mapocho y al cabo de varios minutos ―y con mis piernas ardiendo del esfuerzo realizado― estoy en el Parque Bicentenario en la comuna de Vitacura.

“A la primera junta de cleteros weed llegaron 5 personas”

Unas 10 bicicletas están apoyadas en un escaño mientras nosotros sentados en el pasto del Parque Bicentenario conversamos, tomamos jugo y comemos galletas.

Mauricio es uno de los presentes y el creador del grupo, en el año 2015. Cuenta que la decisión de crearlo era para abrir un espacio y vincularse con personas que no tuvieran el prejuicio contra la marihuana .

“Es muy mal visto en el mundo cletero que se fume marihuana. Por lo mismo, es difícil encontrar un partner que te quiera acompañar en alguna ruta y, si armas una ruta, teníh que andar fumando piola. Por eso, la idea principal era buscar un compañero que le gustara hacer ambas cosas”, comenta Mauricio.

Pablo, otro de los cleteros, comenta que “hay varios grupos, como el de Feria Cletera por ejemplo. En esos espacios si tú colocas Voy a subir al San Cristóbal a fumarme un caño arriba, quien me apaña. Recibí un montón de críticas. Pero entre esos comentarios también había gente que decía yo apaño, subamos. Fue en esa época en que me metí a Cleteros Weed y no éramos ni 30”.

Jorge recuerda la primera junta del grupo. “Esa vez llegamos cinco al San Cristóbal. Estaba muy volao. Fue bueno ese encuentro. Después de dos semanas eran más de 100 las personas que estaban en el grupo”.

La conversación entre tantas personas que hablan al mismo tiempo se desordena, pero es unánime que el grupo creció de forma exponencial y que ahora es tan grande y son tantos los que participan que hay grupos dentro del grupo y que es imposible conocerlos a todos.

Bicicleta y marihuana

La masividad del grupo y su repercusión en el mundo real se ve concretada a través de las rutas o salidas en que cada uno recorre una distancia determinada por su propio ritmo e interés.

Pomaire, Valle Nevado, Farellones, pasar el fin de semana en la playa, El cerro San Cristobal, cerro Panul, Las Vizcachas, Baños Morales, Santa Martina, Piedra Roja; son algunas de las rutas que han armado.

Especial recuerdo tienen la Subida Caracoles que dejó ―literalmente― llorando o vomitando antes de acceder a la cima a varios de ellos.

Lucas comenta que se demoraron como 6 horas en subir y unas dos horas en bajar.

“De bajada el viento te pega y toda la carga se la llevan las manos”, dice Jonathan, que agrega que “La Cuesta Caracoles es una de las rutas más peligrosas del mundo y las hemos hecho. Además, la hicimos volaos”.

Alguien del grupo señala que lo ideal sería fumar antes, durante y después de la ruta. Pero que lo habitual es llegar a un lugar y fumar. Es como un premio fumar al final de la ruta, agrega otro.

Les pregunto si han tenido algún problema con Carabineros y concuerdan en que las bicicletas alejan a la policía. Es poco común que nos molesten, comentan medios aliviados.

Sin embargo, Luciano nos dice que hay lugares que ya se funaron. “La banca, por ejemplo, que queda en Parque Forestal y que era un lugar clásico de reunión, se funó. Hay varias personas del grupo que las han parteado cuando están ahí. Aparecen policías de civil. El anfiteatro es otro lugar que también ya está medio funado”.

“Igual Santiago es muy grande y siempre van surgiendo sitios nuevos. Que se funen es parte del juego”, dice uno de los cleteros.

La bicicleta como medio para normalizar el consumo

La práctica del deporte se asocia a una vida saludable y la bicicleta es una representación de una actividad sana. Por eso hay un doble mérito en lo que hacen en el grupo Cleteros weed: normalizan el consumo y sacan el estigma de que el usuario de marihuana es alguien que prefiere la vida sedentaria.

El grupo de cleteros con los que converso tiene claro este punto y sienten que ayudan a normalizar el consumo con lo que hacen, y que de alguna forma repercute positivamente en la percepción familiar o entorno más cercano.

“No es lo mismo fumarte un caño en el sillón de tu casa que hacerlo en la playa en la cordillera. Decir que fumas y que además el fin de semana subiste a Farellones en bici hace que la gente se sorprenda”, agrega Sebastián.

“Fumar y estar en contacto con la naturaleza es una experiencia increíble. Es un placer llegar a la playa o después de una ruta larga, fumar”, complementa Pamela.

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Sebastián cierra la idea: “Yo me siento bien y los que estamos acá nos sentimos bien fumando y andando en bicicleta. Cada uno a su ritmo. Es simple”.

Le pedimos al grupo de cleteros que nos ayuden con los tips básicos para un Cletero Weed que se inicia en la práctica.

“Que no se le quede agua. Que lleve papelillos y encendedor. Una barra energética para el bajón es importante. Chequear las cosas más de dos veces”, tiran al aire los cleteros que más que dar tips, pareciera que estuvieran recordando aquellos errores que alguna vez cometieron.

Amor en dos ruedas

“Fumar y pedalear solo es entretenido, pero es mucho más estimulante hacerlo en grupo”, me comenta uno de los cleteros.

“El grupo es muy diverso, hay gente que anda en bicicletas de paseo, por ejemplo. Hay de todos los ritmos y velocidades. Después llegan todos a fumar. Esa es la motivación”, agregan.

Son en esas rutas que se forman amistades y también algunas parejas que ven en el ciclismo y la marihuana un espacio en común. Una identidad para compartir.

Es el caso de Luki y Pame.

“Nos conocimos pedaleando en el grupo. Yo me hice el lindo arreglándole la bicicleta. La primera vez que interactuamos fue en la salida a Pomaire”, dice Luki mientras abraza a Pame.

“Después él llegó a mi casa con una linda flor verde. Llevamos un año y vivimos juntos”, agrega Pame.

Jonathan y  Alejandra también se conocieron gracias a las bicicletas.

“Él me divisó a mí en una ciclovía. Y me estalkeó por Facebook”, dice Alejandra.

“La historia es que iba por la ciclovía de la calle Rosas y un día la topé cruzando el semáforo y la busqué por Facebook. Con el tiempo la conocí y nos juntamos a fumar y ahora estamos juntos”, cuenta Jonathan.

El frío en el Parque Bicentenario se comienza a notar. Nos apuramos en alcanzar los últimos rayos de sol y sacar la foto del grupo. Alguien pregunta ¿quién baja? y comenzamos a organizar la vuelta.

Es la primera vez que me uniré a un grupo de ciclistas y me siento un poco empoderado. Arriba de la bicicleta imagino ser uno más entre un cardumen de ciclistas que se toman la calle. En bajada, y  sin la necesidad de llegar a la hora a algún lugar, se puede pensar libremente sobre la bicicleta.

Más abajo y a un costado del Mapocho hacemos una parada estratégica y alguien ofrece fumetear antes de disgregarnos como grupo. Conversamos un rato más y la cuidad se oscurece. Nos paramos y el choclón de cleteros se desgrana. Tomo la ciclovía en la calle Rosas y bajo directo a mi casa. La marivuelta de 20 kilómetros ha terminado.

Reportaje aparecido en la Edición de Noviembre de la Revista Cáñamo. Para suscribirte a ella pincha acá

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